PARÍS en deuxième
Una curiosidad de este barrio son sus casas de madera entramada, estilo Alsacia, que aún se conservan. Se trata de construcciones panzudas debido a que, por el precio carísimo del metro cuadrado, se iban ensanchando en los pisos intermedios volviendo a afinarse en las plantas superiores para dar al edificio cierta estabilidad.
Paseando por Le Marais llegamos a la plaza más antigua de París y, para mí, la más bonita de todas por sus característicos ladrillos rojos: La "place des Vosgues" donde decidimos copiar a los franceses y sentarnos en su jardín para tomar un picnic. La forma cuadrada de esta plaza se debe a que el rey Enrique IV ordenó construir cinco espacios públicos en la ciudad, cada uno con una forma geométrica distinta: la place Dauphine triangular, la place des Victoires circular, la place de la Concorde rectangular y la place Vendôme octogonal. Cuenta la leyenda que el rey Enrique IV solía pasar largas temporadas en Labastide d'Armagnac donde tenía una amante y, fascinado por la belleza de su plaza real, decidió construir otra igual en París. Su nombre le fue otorgado como agradecimiento al departamento de los Vosgos, el primero en pagar tasas y enviar voluntarios para sostener el ejército revolucionario. En el número 7 se encuentra el maravilloso Hotel de Sully, adquirido por el duque de Sully, consejero del rey Enrique IV y en el otro extremo de la plaza está la casa de Víctor Hugo que ya habíamos visto con anterioridad. Aprovechamos también para visitar una galería de arte con una exposición genial de un artista de origen español afincado en Nueva York: Juan Miguel Palacios. Su técnica hiperrealista es realmente única. Nos llamó mucho la atención los contrastes entre la superficie de sus cuadros y el hueco en el que integra la pintura, mezclándolo además con curiosas texturas alrededor y otorgando a los rostros de sus personajes femeninos suavidad y fragilidad en oposición a la agresividad de destrucción del muro. Increíble.
Desde allí llegamos al 8ème arrondissement que, además de atesorar los maravillosos Campos Elíseos que se extienden desde la place de l'Étoile y el Arco del Triunfo hasta la place de la Concorde, es una zona de hermosos edificios, elegantes hoteles como el famoso Crillon, embajadas y tiendas chic de las principales marcas de prestigio de la alta costura. No me canso de mirar los locales de super lujo de la rue Faubourg Sint-Honoré y l'Avenue Montaigne como muestra Gucci, Dolce&Gabbana, Chanel, Dior, Louis Vuitton, Prada y un largo etcétera.
Otra mañana la dedicamos a ver lo que quedó pendiente del bohemio barrio de Montmartre, uno de los rincones para mí con más encanto de París, lleno de rampas empinadas puesto que este barrio quedó fuera del plan urbanístico de la ciudad realizado por el barón Haussmann. Para desafiar estas rampas, la empresa Renault creó un coche que fuera capaz de subirlas y así fue como Louis Renault diseñó su famoso coche, apto para coronar con éxito estos repechos. Lo que poca gente sabe es que durante la Edad Media, la colina de Montmartre se convirtió en un lugar de peregrinación en busca del lugar donde fue decapitado el patrón de la ciudad, Saint Denis, que llegó a Francia para propagar la fe católica y convertir a los paganos. Las autoridades romanas le descubrieron predicando en Lutecia (la París romana de entonces), ordenando que fuese detenido. Finalmente él y sus compañeros fueron decapitados en lo alto de un monte que pasó a llamarse Mons Martyrum, actual Montmartre. Después de ser decapitado, Saint Denis cogió su cabeza y se fue andando ante la mirada atónita de sus verdugos. De ahí que al patrón de la ciudad se le represente sujetando su cabeza seccionada.
En la pintoresca place Dalida, vimos el busto de Dalida (una de las cantantes más populares de Francia que vendió 120 millones de álbumes y fue número 1 durante semanas...) Hoy día, es un icono para el pueblo francés, convirtiéndose su busto de bronce en lugar de peregrinación. En Montmartre se encuentra también la famosa Maison Rose, antigua casa de comidas y famosa desde que un artista que vivía cerca la representó en uno de sus cuadros. Hoy en día, la Maison Rose sigue funcionando como restaurante. También nos acercamos al "mur des je t'aime" del romántico jardín de la place des Abbesses que en sus 40 m2 de azulejos azules como hojas de papel recopila las palabras "te amo" en todas las lenguas del mundo. Y para llevarnos de recuerdo, por supuesto, un estupendo retrato de Gabriela en la place du Tertre. En el siglo XIX, Montmartre era un barrio bastante descuidado y había alquileres muy baratos. De ahí que los artistas bohemios se fueran a esta plaza a pintar.
Decidimos después tomarnos un descanso, algo carillo por cierto 😂, en uno de sus emblemáticos bistrós. En realidad esta palabra es de origen ruso y surgió cuando los rusos que ocuparon la place du Tertre, pidieron alcohol rápido diciendo "bistró, bistró" que en ese idioma significa "rápido, rápido" para que los oficiales no les pillaran. Fijaos también en la original escultura del hombre caminando a través de la pared o "Le passe muraille" realizada por el artista Jean Marais en homenaje a un escritor que narró las vivencias de Dutilleul, oficinista que un buen día descubre su habilidad para atravesar paredes y, curiosamente, la utilizó primeramente para vengarse de quienes le humillaban en la oficina donde trabajaba, enamorarse de una mujer casada y aprovechar para huir a tiempo de su celoso marido y, posteriormente, robar y hacerse rico hasta ser apresado. Lógicamente, logró evadirse. Finalmente, un día queda atrapado para siempre en una pared y Marais inmortalizó la historia con esta curiosa escultura. Cuentan que si tocas la mano izquierda de la estatua, adquirirás la habilidad de atravesar paredes. Es por ello que sus dedos lucen brillantes ya que todos los visitantes tiran de su mano izquierda, tratando de liberarlo de su prisión de piedra.
Salimos de Montmartre, bajando por Villa Léandre, un bonito callejón lleno de casas de estilo anglosajón, con sus fachadas pintadas en colores claros y mucha vegetación para ver el famoso restaurante Le Moulin de la Galette y es que, en sus orígenes, las colinas de Montmartre se hallaban salpicadas de molinos de viento que se utilizaban para moler el grano y producir harina con la que abastecer a la hambrienta París. Una leyenda cuenta que durante la batalla de París, uno de los miembros de la familia dueña de este molino, fue despedazado y sus miembros clavados en sus aspas. Posteriormente el molino fue transformado en un famoso café y sala de bailes por donde pasaron pintores de la talla de Renoir, Van Gogh y Toulouse Lautrec.

Un breve apunte también de los restaurantes que probamos:
✅ Chalet Gregoire: comida francesa y buena relación calidad precio.
✅ Makham Thai: buen restaurante tailandés donde fuimos atendidos con amabilidad.
✅ Lucky Luciano: restaurante italiano en el passage des petits écuries, justo enfrente del local dónde cenamos hace 3 años... casualidades de la vida.
✅ Crêperie Suzette: situado en Le Marais. No te pierdas sus típicas galettes bretonas y sus deliciosas crêpes!
✅ Bouillon Chartier: situado en el centro de París, comida con carácter tradicional que merece la pena a pesar de las interminables colas en horas punta.
✅ Le Zinc d'Honoré: en place Saint Honoré. Sencillamente ¡¡fabuloso!!.
✅ Ao Yama: comida japonesa en Le Marais, prescindible.
✅ La Petite Hostellerie: en mitad del Quartier Latin, comida francesa abundante pero sencilla, servicio bastante lento.
✅ Honey Cheese Naan: restaurante hindú situado cerca de la torre Eiffel, carta variada y platos sabrosos.
✅ East mamma: restaurante italiano en Bastilla, local ruidoso con productos de calidad.
En este segundo intercambio si que dedicamos un día completo a ver la zona más moderna de la ciudad, opuesta arquitectónicamente al París bohemio que hasta entonces conocíamos. Y es que este distrito futurista con cientos de torres y rascacielos hacen de La Défense uno de los centros de operaciones más importantes de Europa. Nada más salir del metro, te encuentras Le Grande Arche: un monumental prodigio de la arquitectura moderna en forma de cubo realizado en acero y vidrio asentado sobre doce pilares y en cuyo interior podría caber la iglesia de Nôtre Dame!! Las paredes laterales de este arco, que simboliza la grandeza de Francia y su glorioso pasado, albergan oficinas y en su parte más alta un museo de la informática, un centro de exposiciones y un restaurante. La plaza que rodea el Grande Arche está llena de jardines colgantes, fuentes y originales esculturas que la convierten en un museo al aire libre sorprendente. Muy recomendable para un momento de ocio visitar allí mismo el famoso centro comercial "Le Quatre Temps", en su día el mayor de Europa donde pudimos saborear unos ricos petits crèmes que los simpáticos comerciales de la boutique Nespresso nos ofrecieron...
Decidimos "malgastar" una mañana lluviosa descubriendo el encanto parisino de sus galerías acristaladas y passages couverts que esconden pequeñas tiendas de tejidos, decoración, libros antiguos, postales originales de París, anticuarios, salones de té y restaurantes de todo tipo. Os recomiendo visitar, muy cerca del Palais Royal: la Galerie Vivienne, para mí la más chic y especial de París decorada con pinturas, esculturas, mosaicos coloridos en el suelo y su precioso techo acristalado. Y, ya puestos en modo shopping, volvimos a acercarnos a las famosas Galerías Lafayette (esta vez no nos sorprendió tanto como la primera) y a la nueva "Samaritaine", inaugurada a principios de este año y declarada Monumento Histórico: un verdadero templo de las compras parisino que mezcla de forma atrevida Art Nouveau y Art Déco con una impresionante fachada futurista de cristal donde cientos de paneles de vidrio forman ondulaciones irregulares cuyos pliegues evocan la ligereza de la caída de un velo. Impresionante también las barandillas que separan las plantas con sus volutas coronadas por hojas de castaño doradas. Los forjadores han realizado un verdadero trabajo de orfebrería.
Bordeando el Sena, nos llamó mucho la atención la gran cúpula dorada del Hotel des Invalides (en el lado opuesto al Grand y Petit Palais) que fue creado debido a la preocupación que los reyes de la época tenían por el futuro de los soldados franceses heridos y mutilados de guerra que habían prestado servicio al reino. Los restos de Napoleón Bonaparte descansan precisamente en la tumba situada en el centro del Domo de Los Inválidos. Allí llegamos al atardecer atravesando el puente Alejandro III: el más largo de la ciudad, icono de la "Belle Époque" y para mí, el más bello, con sus esculturas doradas de querubines, ninfas, estatuas de leones y candelabros de bronce que lo adornan iluminándose por la noche y cuya función es servir de contrapeso. Curiosamente descubrimos a mi hermano 😆 en una de las fotografías expuestas en la valla exterior del Museo del Ejército o musée de l'Armée. Nos queda pendiente por la zona de Los Inválidos una visita a uno de los museos palacio quizás menos conocidos, pero no por ello menos cautivador: el Museo Rodin con su encantador jardín al aire libre al que no pudimos entrar por falta de tiempo.
Visitamos también, en el barrio de Odeón, uno de los sitios nombrados en el famoso best seller de Dan Brown "El Código Da Vinci": la bella iglesia barroca de Saint Sulpice, la segunda más grande de París y una gran alternativa a Nôtre Dame, con cierto aire al Coliseo Romano y una apariencia desigual ya que su torre sur nunca fue terminada. El órgano de esta iglesia, donde sucede una violenta escena en el libro, es uno de los más grandes del mundo con nada más y nada menos que ¡¡6.588 tubos!! La línea del meridiano que se usa como punto de referencia en la búsqueda del Santo Grial y permite saber la hora va por toda la nave y llega hasta el obelisco junto a la estatua de San Pedro, siendo tocada por la luz del sol durante los equinoccios.
Nuestra última tarde en la ciudad empieza con un relajante paseo por "Les Berges de Seine" o "muelles del Sena": el lugar ideal para degustar unas cervecitas y un helado en uno de los bateau bar o terrazas de moda de su rive gauche y, para sentirnos verdaderos parisinos, sentarnos finalmente a descansar "à la française" en las estupendas hamacas de los jardines de Luxemburgo, cuyo palacio alberga el Senado francés y, sin duda, constituye la mejor herencia que la reina María de Médicis dejó a la ciudad. Por si no lo sabéis, su marido el rey Enrique IV fue asesinado en las calles de París en 1610 y ella fue nombrada Regente durante la minoría de edad de su hijo Luis XIII. Abandonó el palacio del Louvre (tan querido para su difunto marido) y comenzó a construir el suyo aquí creando los jardines más lujosos de la ciudad, diseñados al estilo de su Florencia natal. Tristemente apenas tendría tiempo de disfrutarlos por culpa de las turbulentas relaciones que mantuvo con su hijo y con el cardenal Richelieu, en su día su más fiel consejero y al final su peor enemigo... Tuvo que huir pues de Francia y vivió exiliada y en soledad los últimos años de su vida 😢
































































Se admiten críticas constructivas 😂
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