PARÍS en deuxième



En nuestra segundo regreso a la "ciudad de la luz" he de decir que, pese a la lluvia y al frío, he disfrutado incluso más que la primera vez 😄 No sólo por su impresionante arquitectura y lo minúscula que te hace sentir sino porque este intercambio con los Derouen nos ha servido para terminar de completar el anterior con visitas que, por falta de tiempo, no pudimos realizar. Paso a detallaros, a modo de resumen, lo que ¡no os podéis perder!


Nuestro primer día  en París empieza curiosamente muy cerquita de nuestro primer alojamiento en place Bastille (ahora toca place Nation) y termina con un concierto de música Góspel en su iglesia más antigua: Saint-Germain-des Prés que, además, es una de las iglesias supervivientes de la Edad Media ya que data de alrededor de 1050, un lugar encantador donde se puede descubrir su campanario y la pared de su torre cubierta de hiedra paseando por el mítico Barrio Latino. Junto a ella hay una pequeña plaza con mucho encanto y un busto del poeta francés Guillaume Apollinaire, el primero en inventar el términos surrealismo que, incluso, fue arrestado en una ocasión acusado de estar relacionado con el robo de la Gioconda en el museo del Louvre. Apollinaire, implicó a Picasso aunque finalmente, obvio, los dos fueron puestos en libertad.  Estupendo rincón, pues, para sentarse a descansar junto a los arcos románicos de una de las paredes de esta antigua iglesia en una de cuyas esquinas se encuentra un pequeño dibujo de una cabeza de mujer realizado por Picasso en homenaje a su querido amigo Apollinaire... curioso. 


Y, como no deleitarnos con una foto en el eterno "café de Flore", una de las brasseries más fotografiadas en Instagram situada en este barrio tan literario. Esta cafetería debe su nombre a la famosa escultura de la diosa de la primavera y cada año se celebra aquí el Prix de Flore, con el que se recompensa a un joven talento literario. Una de las especialidades de este legendario café es su tradicional chocolate caliente que no os podéis perder. 


Comenzamos nuestra segunda mañana en París con un tranquilo paseo por la "coulée verte", de hecho el único paseo en altura del mundo hasta el año 2009 cuando inauguraron el High Line en Nueva York que esperamos visitar el verano que viene 😀. Esta promenade, como se llama en francés, fue creada en 1988 en el emplazamiento de una antigua línea de ferrocarril que, abandonada, dejó en su lugar una sucesión de jardines en el corazón de la ciudad a lo largo de 4,5 kilómetros. Puedes ver parisinos haciendo footing o leyendo mientras observas las estupendas vistas de tres distritos céntricos con esos tejados haussmanianos que me fascinan...



Y si queréis alejaros de las hordas de turistas para adentraros en el París más fashion y cosmopolita, entre coquetos jardines, casas palaciegas y cafés con glamour, no dejéis de acercaros a otra de las zonas más auténticas y bohemias de París: Le Marais. El nacimiento de este barrio data de la época de los templarios. Este ejército se asentó en este terreno, por entonces pantanoso, plantando los primeros huertos y zonas de agricultura. Crearon también, estos primeros habitantes, un Banco de Depósitos al que llegó a pedir un préstamo el Rey Felipe el Hermoso. Los templarios, poco amigos de la Corona y de la Iglesia, no se lo dieron por lo que,  en venganza, mandó quemarlos en la Ille de la Cité (donde está la catedral de Nôtre Dame) recayendo sobre el Papa y el propio Rey una maldición que, según cuenta la leyenda, hizo que muriesen ambos poco tiempo después...  Hoy día Le Marais es el punto de mayor concentración de población judía de Europa y no es raro que os encontréis por sus calles gente portando la kipá. Durante la segunda guerra mundial, residían aquí la mayoría de los judíos de París y muchos niños se libraron de morir gracias a la actuación del maestro Migneret, que consiguió esconder y salvar a muchos de sus alumnos. 

Una curiosidad de este barrio son sus casas de madera entramada, estilo Alsacia, que aún se conservan. Se trata de construcciones panzudas debido a que, por el precio carísimo del metro cuadrado, se iban ensanchando en los pisos intermedios volviendo a afinarse en las plantas superiores para dar al edificio cierta estabilidad. 


Paseando por Le Marais llegamos a la plaza más antigua de París y, para mí, la más bonita de todas por sus característicos ladrillos rojos: La "place des Vosgues" donde decidimos copiar a los franceses y sentarnos en su jardín para tomar un picnic. La forma cuadrada de esta plaza se debe a que el rey Enrique IV ordenó construir cinco espacios públicos en la ciudad, cada uno con una forma geométrica distinta: la place Dauphine triangular, la place des Victoires circular, la place de la Concorde rectangular y la place Vendôme octogonal. Cuenta la leyenda que el rey Enrique IV solía pasar largas temporadas en Labastide d'Armagnac donde tenía una amante y, fascinado por la belleza de su plaza real, decidió construir otra igual en París. Su nombre le fue otorgado como agradecimiento al departamento de los Vosgos, el primero en pagar tasas y enviar voluntarios para sostener el ejército revolucionario. En el número 7 se encuentra el maravilloso Hotel de Sully, adquirido por el duque de Sully, consejero del rey Enrique IV y en el otro extremo de la plaza está la casa de Víctor Hugo que ya habíamos visto con anterioridad.  Aprovechamos también para visitar una galería de arte con una exposición genial de un artista de origen español afincado en Nueva York: Juan Miguel Palacios. Su técnica hiperrealista es realmente única. Nos llamó mucho la atención los contrastes entre la superficie de sus cuadros y el hueco en el que integra la pintura, mezclándolo además con curiosas texturas alrededor y otorgando a los rostros de sus personajes femeninos suavidad y fragilidad en oposición a la agresividad de destrucción del muro. Increíble.



Desde allí llegamos al 8ème arrondissement que, además de atesorar los maravillosos Campos Elíseos que se extienden desde la place de l'Étoile y el Arco del Triunfo hasta la place de la Concorde, es una zona de hermosos edificios, elegantes hoteles como el famoso Crillon, embajadas y tiendas chic de las principales marcas de prestigio de la alta costura. No me canso de mirar los locales de super lujo de la rue Faubourg Sint-Honoré y l'Avenue Montaigne como muestra Gucci, Dolce&Gabbana, Chanel, Dior, Louis Vuitton, Prada y un largo etcétera.

Otra mañana la dedicamos a ver lo que quedó pendiente del bohemio barrio de Montmartre, uno de los rincones para mí con más encanto de París, lleno de rampas empinadas puesto que este barrio quedó fuera del plan urbanístico de la ciudad realizado por el barón Haussmann. Para desafiar estas rampas, la empresa Renault creó un coche que fuera capaz de subirlas y así fue como Louis Renault diseñó su famoso coche, apto para coronar con éxito estos repechos. Lo que poca gente sabe es que durante la Edad Media, la colina de Montmartre se convirtió en un lugar de peregrinación en busca del lugar donde fue decapitado el patrón de la ciudad, Saint Denis, que llegó a Francia para propagar la fe católica y convertir a los paganos. Las autoridades romanas le descubrieron predicando en Lutecia (la París romana de entonces), ordenando que fuese detenido. Finalmente él y sus compañeros fueron decapitados en lo alto de un monte que pasó a llamarse Mons Martyrum, actual Montmartre. Después de ser decapitado, Saint Denis cogió su cabeza y se fue andando ante la mirada atónita de sus verdugos. De ahí que al patrón de la ciudad se le represente sujetando su cabeza seccionada.  

En  la pintoresca place Dalida, vimos el busto de Dalida (una de las cantantes más populares de Francia que vendió 120 millones de álbumes y fue número 1 durante semanas...)  Hoy día, es un icono para el pueblo francés, convirtiéndose su busto de bronce en lugar de peregrinación.  En Montmartre se encuentra también la famosa Maison Rose, antigua casa de comidas y famosa desde que un artista que vivía cerca la representó en uno de sus cuadros. Hoy en día, la Maison Rose sigue funcionando como restaurante. También nos acercamos al "mur des je t'aime" del romántico jardín de la place des Abbesses que en sus 40 m2 de azulejos azules como hojas de papel recopila las palabras "te amo" en todas las lenguas del mundo. Y para llevarnos de recuerdo, por supuesto, un estupendo retrato de Gabriela en la place du Tertre. En el siglo XIX, Montmartre era un barrio bastante descuidado y había alquileres muy baratos. De ahí que los artistas bohemios se fueran a esta plaza a pintar. 




Decidimos después tomarnos un descanso, algo carillo por cierto 😂, en uno de sus emblemáticos bistrós. En realidad esta palabra es de origen ruso y surgió cuando los rusos que ocuparon la place du Tertre, pidieron alcohol rápido diciendo "bistró, bistró" que en ese idioma significa "rápido, rápido" para que los oficiales no les pillaran.  Fijaos también en la original escultura del hombre caminando a través de la pared o "Le passe muraille" realizada por el artista Jean Marais en homenaje a un escritor que narró las vivencias de Dutilleul, oficinista que un buen día descubre su habilidad para atravesar paredes y, curiosamente, la utilizó primeramente para vengarse de quienes le humillaban en la oficina donde trabajaba, enamorarse de una mujer casada y aprovechar para huir a tiempo de su celoso marido y, posteriormente, robar y hacerse rico hasta ser apresado. Lógicamente, logró evadirse. Finalmente, un día queda atrapado para siempre en una pared y Marais inmortalizó la historia con esta curiosa escultura. Cuentan que si tocas la mano izquierda de la estatua, adquirirás la habilidad de atravesar paredes. Es por ello que sus dedos lucen brillantes ya que todos los visitantes tiran de su mano izquierda, tratando de liberarlo de su prisión de piedra. 


Salimos de Montmartre, bajando por Villa Léandre, un bonito callejón lleno de casas de estilo anglosajón, con sus fachadas pintadas en colores claros y mucha vegetación para ver el famoso restaurante Le Moulin de la Galette y es que, en sus orígenes, las colinas de Montmartre se hallaban salpicadas de molinos de viento que se utilizaban para moler el grano y producir harina con la que abastecer a la hambrienta París. Una leyenda cuenta que durante la batalla de París, uno de los miembros de la familia dueña de este molino, fue despedazado y sus miembros clavados en sus aspas. Posteriormente el molino fue transformado en un famoso café y sala de bailes por donde pasaron pintores de la talla de Renoir, Van Gogh y Toulouse Lautrec. 



Terminamos el día visitando el colorido barrio africano Chateau rouge, con tiendas de telas multicolores expuestas en sus estanterías, peluquerías con luces de neón y restos de barbas en las aceras, fruterías al paso exhibiendo producto fresco, pequeños locales y bares con las entradas abarrotadas de negros ociosos apoyados en sus muros que parecen teletransportarte a un típico día en África. Sin duda una zona con carácter propio que nos sorprendió por su autenticidad.



Por la tarde nos acercamos a Nôtre Dame y al Quartier Latin. Nos había quedado por ver también la Grande Mosquée, construida para rendir homenaje a los 70.000 soldados musulmanes muertos por Francia durante la Primer Guerra mundial. Este bello edificio, de estilo hispano morisco, provisto de patios rodeados de arcos esculpidos y decorados con vegetación, fuentes y mosaicos de bellos colores, está inspirado en la Alhambra de Granada. Su sala de las plegarias es una visita obligada, no solo por sus magníficas alfombras persas sino por el remanso de paz que se respira en su zona de oración. Su Jardin del Plantes encierra unos bonitos jardines a la francesa con parterres de flores en torno a la avenida central y otra zona con jardines de estilo inglés y senderos algo tortuosos donde está ubicado el zoo. No son tan elegantes como los jardines de Luxemburgo pero merecen la pena. Nos quedó pendiente la visita al Museo de Historia Natural que estaba cerrado ese día. Y justo enfrente de este recinto, decidimos hacer una pausa "gourmande" dando buena cuenta de un surtido de dulces argelinos elaborados con pasta de pistachos y nueces trituradas bañadas en miel que nos encantaron 😋

 



Teníamos contratado después con la empresa Yoorney.com un free tour de "Leyendas y Misterios de París" por los alrededores de la famosa catedral donde, como sabéis, está el kilómetro cero de Francia y justo cuando se acaban de cumplir dos años del devastador incendio que casi la destruye. Se espera que el templo pueda ser reabierto en 2024 coincidiendo con los Juegos Olímpicos. Queda pendiente para una próxima visita un tour guiado a las catacumbas, una extensión de laberintos y túneles a unos 20 metros bajo la ciudad. Se trata de antiguas canteras de piedra caliza, exactamente el mismo material que sirvió para la construcción de algunos sitios emblemáticos de París como la catedral de Nôtre Dame. Y tras tenebrosas historias de gárgolas, maldiciones, reyes guillotinados, carniceros y barberos asesinos que entusiasmaron a nuestra hija Gabriela, volvimos a ver la famosa librería inglesa Shakespeare and Co. y pude colarme nuevamente en Le pays de poche, mi rincón favorito del barrio latino: un universo extremadamente original con piezas increíbles hechas a mano del que, por segunda vez, me traje un bonito tapiz que ahora decora nuestra pequeña terraza de Santander 😍 Cuando entras en esta zona peatonal con tanto encanto, parece que estás realmente inmersa en un pequeño pueblo medieval cuando antiguamente, a orillas del Sena, había molinos de agua como el Moulin des Barres que, justamente, da nombre a una calle de los alrededores.




Otra mañana nos acercamos a visitar el parc des Buttes-Chaumont, un lugar idílico en el distrito XIX, con una gran diversidad vegetal y multitud de aves que disfrutan de su lago artificial. Después, fuimos andando a conocer el famoso Bois de Vincennes , el mayor oasis urbano de la ciudad y antiguamente de uso exclusivo de la realeza. Con jardines tropicales, teatro, hipódromo, templo budista y hasta castillo, Gabriela se quedó con pena al no permitirle pasear por el lago en uno de sus botes... Nos ha quedado pendiente de ver el Bois de Boulogne: el parque, dicen, más grande de París pero lo dejaremos para la próxima vez. Demasiado verde para un solo día... 







Un breve apunte también de los restaurantes que probamos:

✅ Chalet Gregoire: comida francesa  y buena relación calidad precio.

✅  Makham Thai: buen restaurante tailandés donde fuimos atendidos con amabilidad. 

✅ Lucky Luciano: restaurante italiano en el passage des petits écuries, justo enfrente del local dónde cenamos hace 3 años... casualidades de la vida.

✅ Crêperie Suzette:  situado en Le Marais. No te pierdas sus típicas galettes bretonas y sus deliciosas crêpes!

✅ Bouillon Chartier: situado en el centro de París, comida con carácter tradicional que merece la pena a pesar de las interminables colas en horas punta.

✅ Le Zinc d'Honoré: en place Saint Honoré. Sencillamente ¡¡fabuloso!!.

✅ Ao Yama: comida japonesa en Le Marais, prescindible.

✅ La Petite Hostellerie: en mitad del Quartier Latin,  comida francesa abundante pero sencilla,   servicio bastante lento. 

✅ Honey Cheese Naan: restaurante hindú situado cerca de la torre Eiffel, carta variada y platos sabrosos.

✅ East mamma: restaurante italiano en Bastilla, local ruidoso con productos de calidad.

Otro día visitamos el Musée d'Orsay, situado entre el Museo del Louvre y la Torre Eiffel y donde se exhibe la mayor colección de arte impresionista del mundo. Realmente el edificio se creó para albergar una estación de ferrocarril con motivo de la Exposición Universal de 1900 aunque, con el paso de los años, se convirtió en museo. Obvia decir que como muestra de la visita saqué una foto al famoso reloj de la antigua estación... imperturbable, elegante y austero. Me costó encontrar "El origen del mundo" de Courbet, una de las imprescindibles y, para algunos, descaradamente provocadora. Tras varias horas admirando, entre otros, "Autorretrato" de Van Gogh y "Dos niñas al piano" de Renoir... tengo que confesar que la pintura que más me gustó fue "Solitude" de Alexander Harrison, oscuridad nocturna y luz sobrenatural bajo fascinantes aguas negras, profundas y estancadas. Y es que, como dice Victor Hugo... "l'art c'est le reflet que renvoie l'âme humaine éblouie de la splendeur du beau" o "el arte es el reflejo del alma humana deslumbrada por el esplendor de la belleza".






Otra muestra de arte, pero esta vez callejero, que no os podéis perder es el edificio abandonado y ocupado de la 59 rue Rivoli, reconvertido en una alucinante galería con una treintena de estudios abiertos al público donde artistas de todo el mundo trabajan in situ y exponen su obra. Cuentan que en el año 1999 el edificio, que pertenecía al banco Crédit Lyonnais y llevaba abandonado más de 15 años... fue asaltado por los artistas KGB (Kalex, Gaspard y Bruno) y consiguió ser salvado gracias al candidato a la alcaldía de París, Bertrand Delanoë que, tras ganar las elecciones, cumplió su promesa. Personalmente me parece una excelente oportunidad a nuevos talentos, manteniendo vivo el espíritu hippie (siempre abierto e integrador) y poder ayudar a estos artistas con ganas de comerse el mundo. Arte vivo en estado puro que recomiendo absolutamente. 






Volvimos, como no podía ser menos, al Jardin de Tuileries (primer jardín real abierto al público) creado por Catalina de Médicis en el lugar de antiguos talleres para la fabricación de tejas que le dieron su nombre. Limita con el palacio del Louvre, con la rue de Rivoli y con la place de la Concorde y está lleno de entretenimientos para el público con una feria de atracciones cuyo acceso es gratuito. Si quieres disfrutar de una ciudad increíble desde las alturas, no dudes en subirte a la Grande Roue (noria). Eso sí, no es muy recomendable si sufres de vértigo!










Una mañana buscamos y encontramos muy cerquita de la bulliciosa estación de Lyon y de la plaza de la Bastille la pintoresca rue Crémieux, la calle adoquinada más colorida de París llena de casitas bajas con fachadas color pastel y aceras cubiertas de macetas con flores. Si os fijáis, el rincón más instagrammable de París, os recordará seguramente a las típicas casas inglesas del barrio Notting Hill. Tenedlo en cuenta si buscáis ¡¡ la foto perfecta !!.



En este segundo intercambio si que dedicamos un día completo a ver la zona más moderna de la ciudad, opuesta arquitectónicamente al París bohemio que hasta entonces conocíamos. Y es que este distrito futurista con cientos de torres y rascacielos hacen de La Défense uno de los centros de operaciones  más importantes de Europa. Nada más salir del metro, te encuentras Le Grande Arche: un monumental prodigio de la arquitectura moderna en forma de cubo realizado en acero y vidrio asentado sobre doce pilares y en cuyo interior podría caber la iglesia de Nôtre Dame!! Las paredes laterales de este arco, que simboliza la grandeza de Francia y su glorioso pasado, albergan oficinas y en su parte más alta un museo de la informática, un centro de exposiciones y un restaurante. La plaza que rodea el Grande Arche está llena de jardines colgantes, fuentes y originales esculturas que la convierten en un museo al aire libre sorprendente. Muy recomendable para un momento de ocio visitar allí mismo el famoso centro comercial "Le Quatre Temps", en su día el mayor de Europa donde pudimos saborear unos ricos petits crèmes  que los simpáticos comerciales de la boutique Nespresso nos ofrecieron...







Decidimos "malgastar" una mañana lluviosa  descubriendo el encanto parisino de sus galerías acristaladas y passages couverts que esconden pequeñas tiendas de tejidos, decoración, libros antiguos, postales originales de París, anticuarios, salones de té y restaurantes de todo tipo. Os recomiendo visitar, muy cerca del Palais Royal: la Galerie Vivienne, para mí la más chic y especial de París decorada con pinturas, esculturas,  mosaicos coloridos en el suelo y su precioso techo acristalado. Y, ya puestos en modo shopping, volvimos a acercarnos a las famosas Galerías Lafayette (esta vez no nos sorprendió tanto como la primera) y a la nueva "Samaritaine", inaugurada a principios de este año y declarada Monumento Histórico: un verdadero templo de las compras parisino que mezcla de forma atrevida Art Nouveau y Art Déco con una impresionante fachada futurista de cristal donde cientos de paneles de vidrio forman ondulaciones irregulares cuyos pliegues evocan la ligereza de la caída de un velo. Impresionante también las barandillas que separan las plantas con sus volutas coronadas por hojas de castaño doradas. Los forjadores han realizado un verdadero trabajo de orfebrería.






Bordeando el Sena, nos llamó mucho la atención la gran cúpula dorada del Hotel des Invalides (en el lado opuesto al Grand y Petit Palais) que fue creado debido a la preocupación que los reyes de la época tenían por el futuro de los soldados franceses heridos y mutilados de guerra que habían prestado servicio al reino. Los restos de Napoleón Bonaparte descansan precisamente en la tumba situada en el centro del Domo de Los Inválidos. Allí llegamos al atardecer atravesando el puente Alejandro III: el más largo de la ciudad, icono de la "Belle Époque" y para mí, el más bello, con sus esculturas doradas de querubines, ninfas, estatuas de leones y candelabros de bronce que lo adornan iluminándose por la noche y cuya función es servir de contrapeso. Curiosamente descubrimos a mi hermano 😆 en una de las fotografías expuestas en la valla exterior del Museo del Ejército o musée de l'Armée. Nos queda pendiente por la zona de Los Inválidos una visita a uno de los museos palacio quizás menos conocidos, pero no por ello menos cautivador: el Museo Rodin con su encantador jardín al aire libre al que no pudimos entrar por falta de tiempo.





Visitamos también, en el barrio de Odeón, uno de los sitios nombrados en el famoso best seller de Dan Brown "El Código Da Vinci":  la bella iglesia barroca  de Saint Sulpice, la segunda más grande de París y una gran alternativa a Nôtre Dame, con cierto aire al Coliseo Romano y una apariencia desigual ya que su torre sur nunca fue terminada. El órgano de esta iglesia, donde sucede una violenta escena en el libro, es uno de los más grandes del mundo con nada más y nada menos que ¡¡6.588 tubos!! La línea del meridiano que se usa como punto de referencia en la búsqueda del Santo Grial y permite saber la hora va por toda la nave y llega hasta el obelisco junto a la estatua de San Pedro, siendo tocada por la luz del sol durante los equinoccios.




Dedicamos un día a hacer una excursión por los alrededores de París y descubrir uno de los pueblos más bellos de Francia que parece detenido en el tiempo: Gerberoy. Si eres amante de las rosas, no te puedes perder esta auténtica explosión de colores y aromas!!! Al igual que nosotros, el pintor Le Sidaner se enamoró de este idílico pueblo y creó unos magníficos jardines aterrazados sobre las ruinas de un castillo que literalmente nos fascinaron. Sus callejuelas empedradas y esas antiguas casitas de adobe coloreadas con entramado de madera añaden un encanto especial a este bucólico pueblo, digno del mejor cuento de hadas.






Nuestra última tarde en la ciudad empieza con un relajante paseo por "Les Berges de Seine" o "muelles del Sena": el lugar ideal para degustar unas cervecitas y un helado en uno de los bateau bar o terrazas de moda de su rive gauche y, para sentirnos verdaderos parisinos, sentarnos finalmente a descansar "à la française" en las estupendas  hamacas de los jardines de Luxemburgo, cuyo palacio alberga el Senado francés y, sin duda, constituye la mejor herencia que la reina María de Médicis dejó a la ciudad. Por si no lo sabéis, su marido el rey Enrique IV fue asesinado en las calles de París en 1610 y ella fue nombrada Regente durante la minoría de edad de su hijo Luis XIII. Abandonó el palacio del Louvre (tan querido para su difunto marido) y comenzó a construir el suyo aquí creando los jardines más lujosos de la ciudad, diseñados al estilo de su Florencia natal. Tristemente apenas tendría tiempo de disfrutarlos por culpa de las turbulentas relaciones que mantuvo con su hijo y con el cardenal Richelieu, en su día su más fiel consejero y al final su peor enemigo... Tuvo que huir pues de Francia y vivió exiliada y en soledad los últimos años de su vida 😢




Reservamos como fin de fiesta a nuestras hijas, una visita a la Tour Eiffel y aprovechamos nosotros que ya la habíamos visto para pasear  por los jardines del Campo de Marte y del elitista barrio de Trocadero. Parece ser que cada 7 años el ayuntamiento de París gasta ¡60 toneladas de pintura! para protegerla de la oxidación, cubriendo y repasando sus tres tonalidades que, si os fijáis, son más oscuras en la base y conforme vas subiendo, su color es más claro. Cuentan que para evitar que Hitler subiera, la Resistencia francesa cortó los cables del ascensor y el dictador se negó a subir los 1665 escalones que llevan a la cima. Gabriela y Marina subieron hasta el segundo nivel y aprovecharon para estrenar su cámara de fotos nueva. Según nos contaron, el suelo de cristal de primer nivel les causó cierto vértigo, a destacar la visión única de París flotando en la nada, a casi 60 metros del suelo!!! El lugar secreto de la famosa torre esconde en el subsuelo bajo su base varios pasillos y una ruta de evacuación hacia el Sena que fue utilizado como refugio militar y sala de comunicaciones del ejército francés durante la Primera Guerra Mundial. El juego de iluminación nocturna de su estructura literalmente nos fascinó. Aprovechamos para hacer unas fotos desde la emblemática rue de l'Université, imprescindible para ver la Torre Eiffel desde abajo. Si además la veis por la noche, el espectáculo os dejará sin palabras.






Me despedí por segunda vez de París con tristeza pero, a la vez,  con la sensación de haber exprimido a tope nuestro viaje y con la ilusión, siempre viva, de poder regresar en cuanto surja una nueva oportunidad. J'espère que ca sera bientôt... 💜

¡¡ Merci bien Chantal et François !!
 













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