PRAGA
Sábado 2 de agosto 2025
Nuestra aventura en Praga comenzó de forma algo más tensa de lo esperado.
El vuelo desde Santander despegó con 40 minutos de retraso, lo cual complicó la conexión en Madrid y la maleta que habíamos facturado no llegó a tiempo para subir al avión con destino a la capital checa :(
Ahí habíamos colocado el violín y las partituras de
Gabriela, además de toda mi ropa, os podéis imaginar la incertidumbre. Supuestamente
la maleta viajaría en el siguiente vuelo desde Madrid y desde el aeropuerto se
pondrían en contacto para entregarla esa misma noche, entre las 21:00 y las
23:00. Lo más sensato era quedarse en el apartamento y esperar con paciencia...
A las once en
punto llamaron a la puerta. Por fin podíamos respirar tranquilos y salir a
cenar algo por los alrededores. Llovía y la mayoría de los locales estaban
cerrando, pero con suerte encontramos un lugar donde nos sirvieron unas ricas
salchichas checas.
Ahora sí, todo en orden :))
¡Empieza la aventura!
El término Praga proviene del antiguo término eslavo práh, que significa “umbral” o “escalón”, probablemente en referencia a un paso natural sobre el río Moldava o a los umbrales de madera de las primeras casas junto a la orilla. Según una antigua leyenda, todo empezó con la princesa Libuše, quién podía ver el futuro, y anunció que en cierto lugar se levantaría "una gran ciudad famosa hasta las estrellas”, que debía construirse donde un hombre estuviera haciendo un umbral para su casa.
La princesa Libuše, que gobernaba junto a sus hermanas tras la muerte de su padre, el duque Krok, era muy querida por su pueblo, pero algunos nobles no aceptaban que una mujer reinara sola. Le pidieron que se casara y eligiera un hombre para compartir el trono. Libuše les dijo que ya sabía quién sería su esposo, porque lo había visto en una visión: un campesino que estaría arando un campo con un arado de madera en el pueblo de Stadice, al norte de Praga. Envió mensajeros para encontrarlo, y así dieron con Přemysl, un hombre fuerte, trabajador y justo, que ya los esperaba porque también había soñado con su destino. Cuando llegó al castillo, Libuše lo eligió como marido, y juntos fundaron la dinastía de los Přemyslidas, que gobernaría Bohemia durante siglos. Esta leyenda mezcla mito y realidad, y forma parte de los orígenes legendarios de la nación checa.
Praga nació en el siglo IX alrededor del Castillo de Praga, que fue mandado construir por Bořivoj I, primer príncipe cristiano de Bohemia y miembro de la dinastía Přemyslida que gobernó en lo que hoy es la República Checa durante varios siglos, desde el año 870 hasta 1306.
La fortaleza original era mucho más pequeña que la actual y estaba hecha de madera con una iglesia sencilla. Con el tiempo, cada gobernante fue ampliándolo y mejorándolo hasta convertirse en el enorme complejo que hoy conocemos, con palacios, catedrales, patios y jardines.
Bohemia y Moravia son las dos regiones históricas que forman la mayor parte de la actual República Checa. Bohemia ocupa la parte occidental (oeste) del país, con Praga como capital, y es la región más poblada e históricamente el centro político. Moravia está situada en la parte oriental (este), con Brno como ciudad más importante, y ha sido clave en lo económico y lo militar. Bajo el dominio de los Přemyslidas, ambas regiones quedaron unificadas en un solo reino, lo que consolidó el poder y la identidad checa.
Los Přemyslidas fueron quiénes convirtieron un pequeño territorio en un reino poderoso. Uno de sus reyes más conocidos fue Wenceslao I, el famoso San Wenceslao de la plaza.
Otro monarca de la dinastía Premyslida fue Ottokar II, uno de los reyes más poderosos de la dinastía checa de los Přemyslidas. Gobernó en el siglo XIII y llevó al reino de Bohemia a su máxima expansión territorial, dominando tierras desde el mar Báltico hasta el mar Adriático. Por su fuerza militar y su riqueza, se le conocía como el “rey de hierro y oro”. Ambicionó convertirse en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, pero fue derrotado por Rodolfo de Habsburgo, con quien mantuvo una feroz rivalidad. Ottokar II murió en la batalla de Marchfeld en 1278.
Su reinado marcó una época dorada para Bohemia y dejó una huella profunda en la historia de Praga, que creció mucho.
La dinastía terminó en 1306, cuando el último rey, Venceslao III, murió asesinado en Olomouc, con apenas 16 años, sin dejar heredero. Pero su legado quedó: muchos lugares, castillos y tradiciones de Chequia tienen su origen en tiempos de los Přemyslidas.
En esa época, Praga era un asentamiento medieval en expansión, con una mezcla de cultura eslava, germánica y cristiana. La población y la vida de la ciudad no eran solo checas o eslavas. Allí vivían y comerciaban personas de origen eslavo (los habitantes locales), germánico (alemanes que se habían asentado por el comercio y la influencia del Sacro Imperio Romano Germánico) y cristiano (tanto católicos como, más tarde, reformistas). Esa mezcla se reflejaba en la lengua, la arquitectura, las costumbres y el arte.
El gran salto de la ciudad llegó en el siglo XIV, bajo el reinado de Carlos IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
La estatua de Carlos IV se encuentra en la Plaza de los Cruzados (Křižovnické náměstí), justo al inicio del Puente de Carlos. La escultura muestra al rey con atuendo regio y una carta fundacional en la mano, simbolizando su papel como promotor de la educación y la cultura en Bohemia. A sus pies, hay figuras alegóricas que representan las cuatro facultades originales con las que se fundó la Universidad Carolina: Teología, Derecho, Medicina y Filosofía.
Es uno de los monumentos más representativos de Praga y un homenaje al monarca. Gracias a él Praga se convirtió en la capital del imperio y vivió su época dorada. Carlos fundó la Universidad Carolina en 1348 (la más antigua de Europa Central), impulsó la construcción del Puente de Carlos, la Catedral de San Vito y el barrio de la Ciudad Nueva. Praga se transformó en un centro de cultura, religión, comercio y poder político.
En los siglos XV al XVII, Praga fue escenario de grandes tensiones religiosas. El reformador Jan Hus, precursor del protestantismo, fue quemado en la hoguera en 1415 por sus ideas contra la Iglesia católica. Esto provocó las guerras husitas, una serie de conflictos entre los checos reformistas y los católicos.
Más tarde, en 1618, ocurrió la famosa Defenestración de Praga, cuando unos nobles protestantes arrojaron a dos funcionarios católicos por una ventana del castillo. Este hecho fue el desencadenante de la Guerra de los Treinta Años, que devastó buena parte de Europa y debilitó a la ciudad. Al principio, esta guerra fue un conflicto entre católicos y protestantes dentro del Sacro Imperio Romano Germánico, pero poco a poco se fueron uniendo grandes potencias como España, Francia, Suecia y Dinamarca, cada una defendiendo sus propios intereses. Durante treinta años hubo batallas, saqueos, hambrunas y epidemias que devastaron amplias zonas de Europa Central, con millones de muertos y ciudades arruinadas. La guerra terminó en 1648 con la Paz de Westfalia, que permitió a cada estado decidir su religión, reconoció la independencia de algunos territorios y dio más autonomía a los príncipes del Sacro Imperio, reduciendo el poder del emperador.
Para Praga, el final de la Guerra de los Treinta Años fue un golpe muy duro: perdió mucha población, su economía se desplomó y sufrió saqueos que dañaron gravemente la ciudad. Además, dejó de ser uno de los grandes centros del Imperio de los Habsburgo y pasó a depender directamente de Viena, que se convirtió en la capital donde se concentraba todo el poder político, relegando a Praga a un papel secundario.
Durante los siglos XVIII y XIX, Praga formó parte del Imperio Austrohúngaro. Aunque políticamente subordinada a Viena y con el alemán como lengua oficial, en el siglo XIX renació el orgullo nacional checo. Este Despertar Nacional impulsó la lengua, la literatura, la música (con compositores como Smetana y Dvořák) y la cultura popular. Praga vivió un florecimiento cultural, aunque todavía bajo dominación extranjera.
En 1918, cuando terminó la Primera Guerra Mundial, el Imperio Austrohúngaro —al que Bohemia y Moravia habían pertenecido durante siglos— perdió la guerra y se desmoronó. Aprovechando ese colapso, los líderes del movimiento nacional checo se unieron con los eslovacos y declararon la independencia, formando un nuevo país llamado Checoslovaquia. La ciudad elegida como capital fue Praga, que pasó así de estar gobernada desde Viena a ser el centro político y administrativo de un estado completamente independiente. Fue una etapa de democracia y crecimiento, aunque con tensiones políticas y étnicas.
Todo cambió en 1939, cuando la Alemania nazi ocupó el país: Eslovaquia se convirtió en un estado títere de Berlín, y Bohemia y Moravia pasaron a ser el Protectorado de Bohemia y Moravia, bajo control directo alemán. Durante la Segunda Guerra Mundial, Praga sufrió una dura represión y la comunidad judía fue deportada en masa a campos de concentración, donde la mayoría perdió la vida.
En 1945, con la derrota
de Alemania tras la segunda guerra mundial, Checoslovaquia recuperó su independencia, pero quedó bajo la
fuerte influencia de la Unión Soviética, que había participado en su
liberación. Se formó entonces un gobierno de coalición con varios partidos,
entre ellos el Partido Comunista, que controlaba ministerios clave como
Interior, Defensa e Información. Gracias a su influencia y al respaldo de
Moscú, los comunistas fueron debilitando a sus rivales hasta que, en febrero de
1948, dieron un golpe de Estado (Golpe de Praga) que les permitió quedarse con el poder absoluto
e instaurar un régimen de partido único.
Durante la época
comunista (1948-1989), la vida religiosa en Praga estuvo sometida a un estricto
control estatal. Iglesias como la de San Nicolás dejaron de ser solo templos y
fueron usadas también para actos no litúrgicos, archivos o almacenes. El
régimen veía la religión como una amenaza ideológica y limitó la labor de
sacerdotes, la catequesis y las actividades juveniles, obligando a muchas
familias a transmitir la fe en privado.
En 1968, el líder checo Alexander Dubček inició la Primavera de Praga, un intento de reformar el comunismo para hacerlo más libre: menos censura, más derechos y cierta apertura política. La Unión Soviética y sus aliados lo consideraron una amenaza y, en agosto de ese año, enviaron tropas para ocupar Checoslovaquia y forzar el fin de las reformas, devolviendo al país a un comunismo estricto.
No fue hasta 1989, que el comunismo empezó a caer pacíficamente porque no hubo guerras ni violencia, todo se hizo mediante acuerdos políticos.
En 1993, Checoslovaquia se dividió (Divorcio de Terciopelo) en dos países: la República Checa —formada por Bohemia (oeste) y Moravia (este)— y Eslovaquia.
Desde entonces, Praga es capital de la República Checa, una ciudad moderna, vibrante y orgullosa de su identidad.
Tras la separación amistosa de Checoslovaquia en dos países, Praga se convirtió en la capital de la República Checa. Aquí se concentran el Gobierno, el Presidente, el Parlamento y la mayoría de las instituciones del país.
Hoy Praga es una ciudad moderna, vibrante, profundamente europea y al mismo tiempo orgullosa de su identidad eslava y checa.
Su casco histórico, uno de los mejor conservados de Europa, está protegido por la UNESCO y es visitado cada año por millones de personas.
Fin de la clase de Historia 😅
Enfrentamos pues nuestro inicio de vacaciones con ganas de descubrir la ciudad.
Primera parada: Náměstí Míru, una plaza amplia y ajardinada en el barrio de Vinohrady
donde se alza la imponente Basílica de Santa Ludmila, joya neogótica de ladrillo, construida por Josef Mocker. Sus torres gemelas, vidrieras y relieves ornamentales la convierten en un punto muy elegante para empezar a admirar Praga.
Desde allí pasamos frente al majestuoso Museo Nacional (Národní Muzeum), cuya fachada neorrenacentista domina la Plaza de Wenceslao. Es el museo más importante del país, se inauguró en 1891 para mostrar la historia, la cultura y la naturaleza de Chequia. Dentro hay de todo: fósiles, animales disecados, minerales, monedas antiguas, objetos históricos, cuadros y exposiciones sobre la historia del país.
Durante muchos años
estuvo cerrado por reformas y ahora luce renovado, pero sigue
teniendo su fachada original neorrenacentista. Además de las exposiciones,
mucha gente lo visita solo para verlo por fuera y hacer fotos, porque es uno de
los edificios más bonitos y reconocibles de Praga.
La Plaza de Wenceslao (Václavské Náměstí) está en el centro de Praga y es una de las zonas más conocidas de la ciudad. Aunque se llama “plaza”, en realidad tiene forma de avenida larga y ancha, con jardines y estatuas en el centro y edificios a los lados. Al fondo está el Museo Nacional y, frente a él, la estatua ecuestre de San Wenceslao, patrón de Bohemia.
Como os he contado antes, Wenceslao I fue un duque de Bohemia que vivió en el
siglo X, aunque muchas veces se le llama “rey” por respeto y tradición. Gobernó
desde el año 921 hasta su muerte en 935, cuando fue asesinado por orden de su
propio hermano Boleslao, que quería el poder. Wenceslao era un gobernante
justo, muy religioso y comprometido con ayudar a los más pobres y mantener la
paz con otros países. Tras su muerte, fue considerado un mártir y santo, y con el
tiempo, el emperador Otón I del Sacro Imperio Romano Germánico le concedió el título
póstumo de rey. Por eso, aunque nunca fue coronado, hoy lo vemos representado
como “San Wenceslao, rey de Bohemia”, y su figura es un símbolo nacional en la
República Checa.
La Plaza de Wenceslao es un lugar muy importante en la historia checa: aquí se han
celebrado manifestaciones, concentraciones y momentos clave como la Revolución
de Terciopelo en 1989. También es una zona muy animada, llena de hoteles,
tiendas, cafeterías y restaurantes.
Breve parada en Costa Coffee sobre Na Příkopě, una de las principales calles comerciales.
Local con cierto aire vintage, cafés y bollería ideal para recuperar fuerzas.
Na Příkopě es una calle peatonal del centro de Praga que conecta la Plaza de Wenceslao con la Plaza de la República. Alrededor de esta última se encuentran edificios importantes como la Casa Municipal con la sala Smetana en su interior (principal sala de conciertos de la Orquesta Sinfónica de Praga) y la Torre de la Pólvora, una entrada histórica a la ciudad.
El trazado de la calle Na Příkopě ocupa el lugar donde en la Edad Media había un foso defensivo que separaba la Ciudad Vieja de la Ciudad Nueva. Este foso, excavado en el siglo XIV durante las reformas de Carlos IV, tenía murallas a ambos lados y estaba lleno de agua para proteger la ciudad de posibles ataques. En el siglo XVIII se cubrió y, poco a poco, la zona se transformó en un elegante paseo.
Desde el siglo XIX, Na Příkopě ha evolucionado hasta convertirse en una de las calles comerciales más exclusivas del país.
A lo largo de la calle se
encuentran fachadas históricas, sedes bancarias, pasajes como el Pasáž českého
designu y centros comerciales como Myslbek o Černá Růže, donde conviven marcas
internacionales con diseño checo contemporáneo, el lugar ideal para disfrutar
del ambiente urbano de la ciudad.
La caminata nos llevó hasta la mencionada Plaza de la República
donde se encuentra la Puerta de la Pólvora
una torre gótica del siglo XV que fue construida como puerta de entrada.
Con sus 65 metros de altura, marcaba el inicio del antiguo Camino Real, la ruta ceremonial que seguían los reyes bohemios desde aquí, atravesando la Ciudad Vieja y el Puente de Carlos, hasta llegar al Castillo de Praga para ser coronados.
La Torre de la Pólvora cambió de función a finales del siglo XVII. Cuando las murallas medievales dejaron de tener valor defensivo, la torre fue utilizada como almacén de pólvora y munición para el ejército de la ciudad. Sus gruesos muros de piedra ofrecían seguridad ante explosiones externas, su ubicación en el borde urbano reducía riesgos para la población y su altura permitía vigilar posibles incendios o amenazas. Este uso, común en otras ciudades de la época, era también peligroso: una chispa o un rayo podían desencadenar una explosión devastadora.
De oscura piedra arenisca, decorada con relieves medievales y coronada por almenas, sigue siendo una de las puertas de entrada más impresionantes a la Ciudad Vieja.
Desde la Puerta de la Pólvora, atravesando la calle Celetná, llegamos a la Plaza del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja, rodeada de casas de colores y edificios antiguos, cada uno con un estilo distinto. Aquí se encuentran el Reloj Astronómico, el Ayuntamiento Viejo, la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, la iglesia de San Nicolás de la Ciudad Vieja, la columna Mariana y el monumento a Jan Hus en el centro.
La Columna Mariana, en el
centro de la Plaza de la Ciudad Vieja, fue colocada en 1650 para agradecer a la
Virgen María por proteger Praga del ataque sueco al final de la Guerra de los
Treinta Años. En lo alto, la Virgen aparece coronada, pisando un dragón, como
símbolo de la victoria del bien sobre el mal.
Durante décadas fue vista como un símbolo católico e imperial. Por eso, en 1918, justo después de la independencia de Checoslovaquia, fue derribada por un grupo que la consideraba un recuerdo del poder de los Habsburgo. No fue hasta 2020 cuando, tras muchos debates, se reconstruyó y volvió a colocarse, esta vez como parte del patrimonio histórico y artístico de Praga.
En Praga hay dos iglesias
diferentes dedicadas a San Nicolás.
La primera está en la Plaza
de la Ciudad Vieja, en el barrio de Staré Město. Se construyó sobre el solar de
una iglesia gótica anterior y es de estilo barroco, con fachada clara y
detalles ornamentales. Hoy pertenece a la Iglesia Hussita Checoslovaca y,
además de celebraciones religiosas, acoge conciertos por su buena acústica.
La segunda se encuentra
en Malá Strana, al otro lado del Puente de Carlos, en la Plaza de Malá Strana.
Es más grande y llamativa, con una enorme cúpula verde y un campanario que se
puede visitar para disfrutar de vistas panorámicas. Es considerada una de las
joyas del barroco europeo.
Ambas llevan el nombre de
San Nicolás, un obispo del siglo IV muy querido por su generosidad y protección
a los niños, viajeros y marineros. Aunque están a menos de veinte minutos
andando una de otra, nacieron para atender a barrios distintos y hoy son dos de
los templos más visitados de la ciudad.
Jan Hus fue un sacerdote y profesor de la Universidad Carolina que, a principios del siglo XV, pidió que la Iglesia fuera más humilde y se acercara al pueblo. Sus ideas chocaron con las autoridades religiosas y políticas de la época siendo condenado por herejía y quemado vivo. Su muerte provocó una gran revuelta en Bohemia y dio origen a las llamadas Guerras Husitas. El monumento lo muestra erguido y mirando al horizonte, rodeado de figuras que representan tanto a sus seguidores como al pueblo checo en momentos de opresión. Para los praguenses, es un símbolo de resistencia, valentía y orgullo nacional.
La Iglesia de Nuestra Señora de Týn es la iglesia con las dos torres puntiagudas que se ve en la Plaza de la Ciudad Vieja.
Se empezó a construir en el siglo XIV y tardaron más
de cien años en acabarla. Las torres no son iguales: una es un poco más ancha
(la llaman “torre del hombre”) y la otra más estrecha (“torre de la mujer”).
Dentro hay altares bonitos, cuadros antiguos y la tumba del astrónomo Tycho
Brahe. En el pasado fue un lugar importante para los seguidores de Jan Hus. Hoy
es uno de los edificios más famosos y fotografiados de Praga.
El Ayuntamiento Viejo
está en la Plaza de la Ciudad Vieja y es uno de los edificios más visitados de
Praga. Se empezó a construir en 1338, cuando el rey Juan de Luxemburgo permitió
a la Ciudad Vieja tener su propia sede de gobierno. Con los siglos, se fueron
añadiendo casas vecinas hasta formar el conjunto que vemos hoy. La parte más
famosa del Ayuntamiento Viejo es la torre gótica de casi 70 metros, desde donde
se tienen vistas espectaculares de la plaza y del centro histórico. En la
fachada de la torre está el Reloj Astronómico.
Asistimos también, lógicamente, al cambio de hora del Reloj Astronómico.
Siempre resulta hipnótico ver desfilar a los apóstoles y escuchar el repique final mientras las figuras se mueven como en una pequeña obra de teatro mecánico.
Desde la Plaza de la Ciudad Vieja nos encaminamos hacia la Plaza de la República, caminando por calles históricas que llevan hasta la imponente Casa Municipal (Obecní dům), un magnífico edificio modernista con fachada decorada con mosaicos, esculturas y detalles dorados.
Este edificio es una joya del modernismo centroeuropeo, con una fachada adornada con relieves, mosaicos y esculturas, y un interior decorado con obras de Alfons Mucha y otros grandes artistas checos. Mucha fue un artista checo muy famoso por su estilo art nouveau, con mujeres elegantes, flores y muchos detalles decorativos. En París se hizo conocido gracias a los carteles que diseñó para la actriz francesa Sarah Bernhardt, una de las grandes estrellas del teatro de finales del siglo XIX, conocida como “la divina Sarah” por su talento y su fuerte personalidad.
En el corazón de esta Casa Municipal se encuentra la magnífica Sala Smetana (Smetanova Síň), donde horas más tarde asistiríamos a un concierto.
Se trata de una sala de conciertos ovalada, coronada por una bóveda
acristalada, columnas ornamentales y balcones dorados, con capacidad para más
de 1.200 personas. Fue inaugurada en 1912 y es la sede de la Orquesta Sinfónica
de Praga FOK. Además de su belleza arquitectónica, tiene una acústica impecable
y ha sido escenario de eventos históricos, como la proclamación de la República
Checoslovaca en 1918.
El programa fue precioso: Las Cuatro Estaciones de Vivaldi, Canon in D de Pachelbel, Danza húngara n.º 5
de Brahms y como cierre, Aires gitanos op. 20 de Sarasate.
Como solista principal Vlastimil
Kobrle, concertino de la Orquesta Sinfónica de la Radio Checa, formado en
Teplice y en la Academia de Artes Escénicas de Praga, discípulo de Václav
Snítil y colaborador cercano de Josef Suk. Interpretación y técnica impecables.
La calle Celetná es una de las más bonitas y animadas de Praga. Además de sus edificios antiguos, está llena de tiendas de cristal de Bohemia, joyerías con granates checos, chocolaterías como Finest Belgian Chocolates, pastelerías que venden trdelník y tiendas de recuerdos con marionetas y cerámica pintada. También hay museos curiosos, como el de la Tortura o la Gallery of Steel Figures, y edificios famosos como la Casa de la Campana de Piedra o el House of the Black Madonna, con su galería de cubismo. Entre todo esto, cafés y restaurantes invitan a parar y disfrutar del ambiente mientras se camina por sus adoquines.
En la calle Celetná nos
detuvimos frente al Karolinum, el edificio histórico que es sede de la Universidad
Carolina, fundada en 1348 por el emperador Carlos IV. Es la universidad más
antigua de Europa Central y un símbolo del amor de Carlos IV por la educación y
la cultura. Aunque hoy la universidad tiene facultades repartidas por toda la
ciudad, el Karolinum sigue siendo el lugar donde se celebran los actos más
importantes, como las graduaciones. El edificio mezcla estilos gótico y renacentista,
porque ha sido reformado muchas veces a lo largo de los siglos.
Justo enfrente está la librería
Karolinum, especializada en libros y ediciones de la propia universidad. Es un
sitio pequeño y tranquilo, con un ambiente muy académico, donde se pueden
encontrar desde manuales y estudios de investigación hasta ediciones cuidadas
de literatura checa.
También en la calle Celetná, se encuentra el restaurante Pasta Fresca, una trattoria italiana acogedora, conocida por su pasta casera. El ambiente, relajado. El servicio, atento. La cena, deliciosa.
Ya de vuelta a casa,
pasamos frente al Palace Hotel, un edificio bonito de principios del siglo XX,
en la calle Panská, muy cerca de la Plaza de Wenceslao, con una fachada super elegante.
De nuevo la Basílica de Santa Ludmila, que me encanta, esta vez de noche.
La Iglesia de San Clemente es un pequeño templo barroco situado en la Ciudad Vieja de Praga. Aunque desde fuera puede pasar desapercibida, por dentro sorprende por su ambiente espiritual. Pertenece a la Iglesia greco-católica, por eso en su interior destaca un iconostasio: una pared decorada con imágenes religiosas que separa el altar del resto de la iglesia, típica del rito oriental. Es un rincón tranquilo, alejado del bullicio turístico.
Cualquier viaje a Praga que se precie, debe empezar por cruzar el Puente de Carlos.
Así que, decidimos empezar por el principio...
En la Edad Media, lo que hoy conocemos como Praga estaba formada por varias “ciudades” independientes, cada una con su propio gobierno, murallas y carácter.
Staré Město (Ciudad Vieja) era el núcleo original, en la orilla este del Moldava, donde se concentraban el comercio, los mercados y la vida pública.
Al otro lado del río, en la orilla oeste, surgió Malá Strana (Ciudad Pequeña), fundada en el siglo XIII por el rey Otakar II como un barrio de artesanos y comerciantes al pie del castillo real.
Durante siglos funcionaron como entidades separadas, unidas por el Puente de Carlos: la Ciudad Vieja, bulliciosa y mercantil; y la Ciudad Pequeña, más tranquila y residencial, dominada por palacios, iglesias y edificios vinculados a la nobleza.
Con el tiempo, todas estas “ciudades”
—incluyendo también la Ciudad Nueva (Nove Mesto) y Hradčany (el barrio del Castillo de Praga) — se unieron administrativamente
para formar la Praga actual.
En resumen, La "Ciudad Vieja" (Staré Město) y la "Ciudad Pequeña" (Malá Strana) son dos zonas distintas de Praga, separadas por el río Moldava y unidas por el Puente de Carlos.
La Ciudad Vieja o Staré Město, en la orilla este, es el corazón medieval de la ciudad.
Al cruzar el puente se llega a Malá Strana o Ciudad Pequeña, en la orilla oeste, un barrio barroco y pintoresco al pie de la colina del Castillo de Praga, con la Plaza de Malostranské náměstí, la Iglesia de San Nicolás y calles como Nerudova que ascienden hacia el castillo y el monasterio de Strahov.
Carlos IV nació en 1316 en Praga. Hijo del rey Juan de Bohemia y de Isabel de Bohemia, pasó parte de su infancia en Francia, donde recibió una educación cuidada y adoptó el nombre de Carlos en honor a su padrino, el rey Carlos IV de Francia. Hablaba varios idiomas y tuvo una formación poco común para su época, lo que le dio una visión amplia de la política y la cultura.
En 1346 fue coronado rey de Bohemia y, pocos años después, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Eligió Praga como capital del Imperio y quiso convertirla en una de las ciudades más importantes de Europa.
Bajo su reinado fundó la Universidad
Carolina, amplió la ciudad con la Nueva Ciudad de Praga, promovió la
construcción de la Catedral de San Vito y mejoró las comunicaciones y defensas
de la ciudad.
Carlos IV mandó construir el Puente de Carlos en 1357 para sustituir al Puente de Judita, que había sido destruido por una riada en 1342.
No era solo una obra práctica para cruzar el Moldava: el puente formaba parte del “camino real” que unía la Ciudad Vieja con Malá Strana y el Castillo de Praga, y era un símbolo del poder y la prosperidad de la ciudad bajo su gobierno.
Con estas obras, Carlos IV dejó una huella imborrable en Praga, hasta el punto de que sigue siendo recordado como el “padre de la patria” checa.
Con sus 516 metros de longitud, 16 arcos y 30 esculturas barrocas que lo flanquean, es como caminar por un museo al aire libre.
Pintores y artesanos acompañan el recorrido,
mientras a cada paso se abren vistas espectaculares del río, de la silueta del
castillo y de las torres de la Ciudad Vieja.
Al cruzar entramos en Malá Strana, donde nos recibió la Plaza de Malostranské náměstí, presidida por la imponente Iglesia de San Nicolás, con su cúpula verde y su alto campanario barroco.
Desde allí seguimos por la calle Nerudova, una pendiente adoquinada
repleta de casas históricas con emblemas en sus fachadas, que recuerdan el tiempo en que
las viviendas se identificaban por símbolos en lugar de números.
Aunque la tentación de
subir al castillo y al monasterio era grande, preferimos dejar ambas visitas
para otro día y así poder recorrerlas con calma.
Tras el paseo, bajamos de nuevo hacia la ribera del Moldava, disfrutando de las callejuelas y pequeñas plazas de este barrio, uno de los más fotogénicos de la ciudad.
Incluso nos apeteció probar unos chimney cakes o trdelník, ese pastel en forma de cilindro que se hornea sobre un rodillo y se reboza en azúcar y canela. Algunos los rellenan con helado o chocolate, y aunque no sean un postre tradicional checo de siglos atrás, se han convertido en un símbolo irresistible para los visitantes que pasean por Praga.
La jornada terminó en Kung Fu Ramen, un restaurante asiático donde sirven ramen casero. Sencillo y sabroso, perfecto para reponer energías después de un día de historia.
Otro día, caminamos hacia el Rudolfinum, un elegante edificio neorrenacentista sede de la Filarmónica Checa y uno de los principales escenarios musicales del país.
Josef Mánes fue un pintor
checo del siglo XIX muy importante para el arte y la identidad
nacional de Bohemia. Nació en Praga en una familia de artistas y destacó por
sus retratos, escenas de la vida campesina, paisajes y temas históricos.
También hizo trabajos decorativos muy conocidos, como el calendario pintado que
adorna el famoso reloj del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja.
Muy cerca del Rudolfinum está la Facultad de Filosofía de la Universidad Carolina y, en la plaza Jan Palach, nos detuvimos en el Memorial de los Catorce Corazones, inaugurado el 21 de diciembre de 2023 en recuerdo de las víctimas del tiroteo ocurrido ese mismo día en la Facultad de Artes.
La escultura, obra de Vojtěch Adamec, mide tres
metros, está tallada en arenisca natural y simboliza a cada una de las 14
personas fallecidas, convirtiéndose en un lugar de recogimiento y homenaje.
Cruzamos esta vez el puente Mánesův most, que ofrece una de las mejores vistas del Puente de Carlos y del Castillo de Praga.
Ya en Malá Strana, mientras paseábamos por sus calles empedradas...
pasamos frente al Green Flamingo Absinth Bar, un local especializado en absenta, una bebida alcohólica muy fuerte (normalmente entre 45 % y 74 % de alcohol) que se hace con hierbas, principalmente ajenjo, anís y hinojo. Es famosa por su color verde y por el ritual con el que se sirve: se coloca una cucharilla especial con un terrón de azúcar sobre el vaso, se vierte agua fría poco a poco y la bebida cambia de color, volviéndose turbia. En el siglo XIX fue muy popular entre artistas y escritores como Van Gogh o Toulouse-Lautrec, pero también se ganó fama de “bebida prohibida” porque se creía que causaba alucinaciones, aunque hoy se sabe que su efecto se debe sobre todo al alto contenido de alcohol.
El Green Flamingo Absinth Bar tiene una fachada llamativa y decoración psicodélica que parece sacada de un cuento moderno. No entramos, pero me pareció tan original que no pude resistirme a hacer una foto para recordarlo.
Subimos después a la Bell Tower de la Iglesia
de San Nicolás, desde cuya galería se contempla una panorámica espectacular de
la cúpula verde, los tejados rojizos de Malá Strana y el castillo al fondo.
La torre de San Nicolás,
en el barrio de Malá Strana de Praga, nació como punto de vigilancia para
avisar de incendios, ataques o desastres. En ella vivía el guardián de la torre
con su familia, en un piso pequeño y frío, con un salón que servía para
trabajar, descansar y comer, y una cocina que también calentaba la casa. Las
campanas marcaban las horas y daban señales en momentos clave. En 1925, un
obrero provocó un gran incendio al soldar sin asegurar bien su puesto; la
estructura de madera y algunas campanas se dañaron y hubo que reconstruir la parte
superior. Durante el levantamiento de Praga de mayo de 1945, al final de la
Segunda Guerra Mundial, la torre fue testigo de combates contra los nazis: se
levantaron barricadas y hubo enfrentamientos cerca del puente de Carlos y el
castillo. Más tarde, en época comunista (1964–1989), la torre se convirtió en
una base secreta de vigilancia del servicio secreto, con el nombre en clave Kajka,
desde donde se controlaba el barrio y las embajadas cercanas mediante cámaras y
seguimiento de personas, operada por antiguos agentes. Hoy, la torre conserva
partes originales y muestra en su interior la historia de la ciudad a lo largo
de siglos.
Regresamos a la Ciudad Vieja cruzando de nuevo el Puente de Carlos IV, disfrutando del ambiente animado al atardecer (música incluída).
La jornada terminó con una cena en Fame Thai, un restaurante de cocina tailandesa, perfecto para cerrar un día repleto de buenas vistas.
La jornada comienza con una larga caminata en ascenso hacia el monasterio de Strahov, en lo alto de la colina de Petřín.
Fundado en 1143 por los monjes premonstratenses, el recinto ha sido durante siglos un lugar de vida religiosa, conocimiento y contemplación.
Paseamos por su entorno tranquilo, donde se encuentran los
jardines con una de las mejores vistas panorámicas de Praga: el perfil del
castillo, las cúpulas de Malá Strana y el río Moldava serpenteando entre
tejados rojizos.
Visitamos la Biblioteca de Strahov, famosa por sus dos salas barrocas llenas de manuscritos y globos terráqueos antiguos, patios silenciosos y empedrados.
Entramos en el interior de la iglesia del monasterio, que mezcla estilos románico y gótico con un interior barroco impresionante: altares de mármol y reliquias.
Tiene capillas
con historia, frescos dorados en el techo y hasta un órgano que Mozart tocó
hace más de dos siglos. Es un espacio recogido, que sigue funcionando como
lugar de culto activo.
Al salir del recinto, nos encontramos con una pequeña sorpresa: la llamada Gruta Mágica
un rincón curioso cubierto de estalactitas artificiales y figuras extrañas que evocan un mundo fantástico.
Aunque no muy conocida, esta cueva decorativa forma parte del
ambiente que rodea los jardines del monasterio.
Hicimos una pausa en el festival
indie que se celebraba bajo uno de los puentes, donde bandas jóvenes actuaban
en un ambiente alternativo.
Continuamos hasta el Teatro Nacional de Praga, un majestuoso edificio neorrenacentista símbolo del orgullo checo, construido gracias a una colecta nacional en el siglo XIX.
Frente a él, en un moderno edificio de cristal, presenciamos el rodaje de una película alemana titulada Delictus.
El equipo de rodaje había recreado una escena bajo la lluvia: varios actores caminaban con paraguas mientras desde unas grúas caía agua simulando el aguacero. Todo el set estaba perfectamente coordinado para generar esa atmósfera lluviosa.
Ya entrada la noche,
fuimos a cenar al Fat Cat Beerhouse & Burger, en plena avenida Wenceslao. A
pesar de su fama y ambiente animado, las hamburguesas nos decepcionaron :(
La tarde comienza en la calle Pařížská, la avenida más exclusiva de Praga.
Conectando la Plaza de la Ciudad Vieja con el Moldava a través del barrio judío, esta calle está repleta de tiendas de lujo como Dior, Hermès, Tiffany o Balenciaga, y flanqueada por imponentes fachadas Art Nouveau.
Aunque no entramos en ninguna, el simple paseo
por esta elegante arteria peatonal fue un disfrute visual 👀
Desde allí, bajamos hacia la ribera del Moldava, justo bajo el puente Čechův most, una estructura art nouveau de principios del siglo XX.
Descubrimos por casualidad una animada zona fluvial
con una hilera de barcos turísticos amarrados junto al muelle de Dvořákovo nábřeží.
Muchos de estos barcos cuentan con terrazas y ofrecen paseos panorámicos por el río.
Una pausa en la terraza del River Hotel Königstein, un hotel-barco atracado con vistas directas al Moldava, nos sentó estupendamente.
Cruzamos después a pie el barrio judío de Praga, conocido como Josefov.
Antiguamente un gueto, Josefov conserva un importante conjunto patrimonial, integrado en el Museo Judío de Praga.
Paseamos junto a las sinagogas y junto al Antiguo Cementerio Judío.
Las leyendas sobre el rabino Loew y el Golem siguen vivas entre las calles de este barrio.
En el barrio judío de Praga vivió hace siglos un hombre muy sabio y respetado llamado rabino Judah Loew ben Bezalel, conocido simplemente como rabino Loew. Era un líder espiritual, filósofo y estudioso, pero también se le atribuían conocimientos místicos. Vivió en el siglo XVI y es una figura muy importante en la historia judía de Praga.
Cuenta la leyenda que,
preocupado por proteger a la comunidad judía de los ataques y persecuciones, rabino
Loew creó una criatura mágica llamada el Golem. Lo hizo con barro del río
Moldava y, según el mito, le dio vida escribiendo una palabra sagrada en su
frente o colocándole un papel en la boca con un nombre de Dios. El Golem era
muy fuerte y obedecía las órdenes de su creador.
Durante un tiempo, ayudó
a defender el gueto y a realizar tareas pesadas, pero con el tiempo el Golem se
volvió incontrolable. Para evitar males mayores, el rabino decidió quitarle la
palabra mágica y desactivarlo. La leyenda dice que el cuerpo del Golem fue
escondido en el desván de la Sinagoga Vieja-Nueva, donde aún hoy algunos creen
que duerme.
Aunque no hay pruebas
reales de que el Golem existiera, su historia se ha convertido en un símbolo
muy importante de la tradición judía de Praga y es una de las leyendas más
famosas de la ciudad.
También pasamos junto a la estatua de Kafka y
el antiguo ayuntamiento judío, con su peculiar reloj hebreo.
En el barrio judío de
Praga se encuentra una llamativa estatua dedicada a Franz Kafka, uno de los
escritores más emblemáticos del siglo XX. La escultura representa a Kafka
montado sobre los hombros de una figura vacía y sin cabeza, inspirada en su
relato “Descripción de una lucha”. La figura hueca simboliza la pérdida de
identidad, la despersonalización y la angustia existencial, temas frecuentes en
su obra. Fabricada en bronce, la escultura mide casi cuatro metros y está
rodeada de detalles que aluden al universo kafkiano, como la silueta de un insecto
dibujada en el suelo, en referencia a La metamorfosis. Este homenaje visual
capta a la perfección el espíritu inquietante de Kafka.
El antiguo ayuntamiento judío de Praga está en el barrio de Josefov, justo al lado de la Sinagoga Vieja-Nueva. Lo más curioso de este edificio es su reloj, las agujas giran al revés y los números están escritos en caracteres hebreos, porque sigue el sentido de lectura del hebreo, que va de derecha a izquierda.
Este detalle lo hace único y llama mucho la atención. El ayuntamiento fue durante siglos el centro de la comunidad judía de Praga, donde se tomaban decisiones importantes y se organizaba la vida del barrio.
Aunque hoy ya no se usa como ayuntamiento, sigue siendo un símbolo importante de la historia y la cultura judía en la ciudad.
Terminamos la jornada con el "WOW Show" del Teatro Broadway en la calle Na Příkopě
que forma parte del legendario teatro negro de
Praga, una forma de teatro no verbal basada en juegos de luz ultravioleta,
objetos fluorescentes y actores vestidos de negro que se vuelven
"invisibles”, escenas llenas de humor visual, música y creatividad.
La mañana comienza en el parque Havlíčkovy sady, más conocido como parque Grébovka.
Situado en el barrio residencial de Vinohrady, este parque es el lugar ideal para pasear sin prisa
senderos arbolados, pérgolas, fuentes y un viñedo con vistas sobre Praga.
La villa principal del parque, un palacete neorrenacentista, alberga una cafetería con terraza.
aunque uno de los rincones más curiosos es su gruta artificial de
piedra, construida a finales del siglo XIX con túneles, pasajes y formas
rocosas que parecen sacadas de un decorado de cuento.
Y como el día era verde... cruzamos el río Moldava por el puente Čechův most.
Desde allí subimos al parque de Letná, donde se encuentra el gran metrónomo que domina la ciudad desde lo alto.
El metrónomo de Letná, creado en 1991 por el escultor Vratislav Novák, es una estructura roja de unos 25 metros que se alza sobre la colina de Letná, en el mismo pedestal donde entre 1955 y 1962 estuvo la gigantesca estatua de Stalin.
Aunque fue concebido para que su brazo se moviera marcando el paso del tiempo, hoy permanece fijo, actuando más como un símbolo que como un mecanismo funcional.
Representa el cambio histórico y el paso de una era a otra, especialmente tras la caída del comunismo. Desde su ubicación se obtiene una de las vistas más espectaculares de Praga. La explanada a su alrededor es un lugar muy frecuentado por turistas y locales que, al igual que nosotros, buscan un buen mirador para contemplar la ciudad.
Terminamos con un concierto de música clásica en el Clementinum, un complejo barroco que alberga una de las bibliotecas más impresionantes del mundo. El concierto tuvo lugar en la Capilla de los Espejos, una sala decorada con frescos y espejos dorados que crean una atmósfera muy elegante.
Broche de oro para cerrar el día.
Comenzamos el día tomando el tranvía que nos llevó hacia el Castillo.
Bajamos en Kampa Park, donde nos
esperaba la imponente escultura metálica en forma de bandera.
La escultura representa una gran bandera checa ondeando, hecha en metal pintado con los colores nacionales y rematada por una punta dorada. Está colocada sobre un pedestal con las fechas 1938–1945, recordando el periodo de ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Su forma ondulante simboliza la fuerza y la perseverancia del pueblo checo frente a la opresión. La placa en su base rinde homenaje “a las víctimas y a los vencedores del segundo levantamiento del pueblo checo por la libertad de la patria”. Fue creada como monumento conmemorativo y como recordatorio visual de que, pese a las adversidades, la identidad y la libertad de una nación pueden mantenerse firmes.
En 1938, Hitler puso su
mirada en los Sudetes, una región fronteriza de Checoslovaquia habitada por
unos tres millones de germanoparlantes. Oficialmente decía querer “proteger” a
esa población, pero en realidad había tres razones clave detrás: primero,
incorporar a esos alemanes a su proyecto de Gran Alemania; segundo, quedarse
con las fortificaciones checoslovacas de la zona, esenciales para la defensa
del país; y tercero, controlar sus minas, fábricas e industria armamentística,
que reforzarían la economía y el ejército alemán.
La tensión fue creciendo,
alimentada por la propaganda nazi, que exageraba y manipulaba conflictos para
presentar a los sudetes como oprimidos por el gobierno de Praga. En este clima,
se celebró la Conferencia de Múnich el 29 y 30 de septiembre de 1938. Allí,
Reino Unido, Francia, Italia y Alemania decidieron, sin la presencia de
representantes checoslovacos, ceder los Sudetes a Alemania a cambio de una
promesa de paz por parte de Hitler. Fue lo que se conoció como la política de
“apaciguamiento”.
Para Praga, aquello fue
un golpe devastador: perdió su principal línea defensiva, gran parte de su
industria y una región clave desde el punto de vista estratégico. Además, la
humillación política y el sentimiento de abandono por parte de sus aliados
dejaron al país vulnerable. Tan solo seis meses después, en marzo de 1939,
Hitler rompió sus promesas, ocupó el resto de Checoslovaquia y convirtió a
Praga en capital del Protectorado de Bohemia y Moravia.
La ocupación alemana
significó para Praga años de represión, censura y control militar. Las banderas
nazis colgaban en los edificios oficiales, las patrullas alemanas vigilaban las
calles, y cualquier manifestación de oposición era duramente castigada. Se
persiguió a la comunidad judía: familias enteras fueron deportadas a campos de
concentración como Terezín o Auschwitz. La vida cultural se redujo a
espectáculos controlados por la propaganda nazi, y la prensa y la radio solo
podían difundir mensajes aprobados por Berlín.
En lo cotidiano, la
población vivía con racionamiento de alimentos, miedo a las delaciones y un
ambiente de vigilancia constante. Aun así, hubo resistencia clandestina:
panfletos secretos, pequeñas redes de ayuda y sabotajes a la infraestructura.
La Segunda Guerra Mundial
dejó profundas cicatrices en la memoria de sus habitantes, y el recuerdo de los
Acuerdos de Múnich quedó grabado como un símbolo de traición internacional.
Para los praguenses, aquellos años fueron un tiempo de miedo y silencio, pero
también de resistencia oculta, esperando el momento de recuperar su libertad.
La liberación de Praga
por parte de los rusos pasó justo al final de la Segunda Guerra Mundial, en
mayo de 1945.
En ese momento, Alemania ya estaba perdiendo y Hitler se había suicidado en
Berlín, pero en Praga todavía había tropas nazis que no querían rendirse.
Los días 5, 6 y 7 de
mayo, la gente de Praga se levantó contra los alemanes en lo que se llama la Insurrección
de Praga: levantaron barricadas, lucharon en las calles y pidieron ayuda por
radio. Algunos soldados aliados de otros países y hasta tropas del llamado
Ejército Ruso de Liberación (que eran rusos que luchaban contra Stalin y que
estaban del lado alemán) participaron para ayudar a los checos.
Finalmente, el 9 de mayo
de 1945, el Ejército Rojo (los soviéticos) entró en la ciudad y los últimos
nazis se rindieron. Fue un momento de alegría enorme: la guerra había acabado
para Praga. Sin embargo, esa “liberación” también significó que Checoslovaquia
quedaría bajo la influencia de la Unión Soviética durante más de 40 años, hasta
la caída del comunismo en 1989.
La subida al Castillo de
Praga por la calle Nerudova es durilla, cuesta empinada con adoquines
irregulares que cansan las piernas, sobre todo si hace calor. De hecho, el
terreno no da tregua hasta llegar arriba 😤
La historia del Castillo de Praga comienza el año 880, cuando el duque Bořivoj I, de la dinastía Přemyslida, manda levantar una fortaleza de madera y piedra en una colina sobre el río Moldava.
Su objetivo era contar con un lugar seguro desde el que gobernar y, al
mismo tiempo, levantar un símbolo de poder. Con el paso de los siglos, aquella
fortaleza inicial fue creciendo: se construyó la Iglesia de la
Virgen María, la Basílica de San Jorge y la primera versión de la Catedral
de San Vito, que sería reconstruida y ampliada posteriormente en diferentes etapas.
A lo largo de la Edad Media, cada monarca dejó su huella: se levantaron murallas más sólidas, torres defensivas, patios y edificios residenciales. En el siglo XIV, bajo el reinado de Carlos IV, el castillo se convirtió en un complejo gótico de gran prestigio y en sede del Sacro Imperio Romano Germánico. En el Renacimiento, los Habsburgo transformaron el castillo con palacios, jardines y estancias de estilo barroco. Desde entonces, el complejo ha seguido evolucionando y adaptándose a las necesidades de cada época.
Hoy, el Castillo de Praga es un enorme conjunto que incluye iglesias, palacios, patios, museos y jardines, y sigue siendo la sede oficial del presidente de la República Checa. Considerado el castillo antiguo más grande del mundo, es más bien como una pequeña ciudad dentro de la ciudad, que ha ido creciendo y cambiando de forma ininterrumpida durante más de ¡¡1.100 años!!
En nuestra visita al Castillo de Praga recorrimos sus puntos más emblemáticos.
Empezamos por la Catedral
de San Vito, el templo gótico más importante del país y la iglesia más grande
de Praga. En su interior están las tumbas de reyes y santos checos, como San
Wenceslao. Sus vidrieras, algunas diseñadas por
Alfons Mucha, llenan el espacio de luz y color.
Después visitamos la Basílica de San Jorge, mucho más sobria y pequeña, pero también más antigua: data del siglo X y conserva un interior románico austero.
Sus dos torres blancas son fáciles de reconocer desde lejos. Durante siglos fue un centro religioso muy influyente y hoy se utiliza también como sala de conciertos.
Seguimos por el Antiguo Palacio Real, que fue la residencia de los reyes de Bohemia hasta el siglo XVI. La joya del edificio es la Sala Vladislao, un enorme salón de techos abovedados que en su época fue tan grande que incluso se celebraban justas a caballo en su interior.
En el Antiguo Palacio Real vimos una réplica de la Corona de San Venceslao, creada en 1347 por Carlos IV para su coronación como rey de Bohemia y dedicada al patrón del país. La original, guardada bajo siete llaves en la Catedral de San Vito, solo se muestra en contadas ocasiones.
Terminamos nuestra visita al Castillo de Praga en el Callejón
del Oro, una calle estrecha flanqueada por pequeñas casas de colores
construidas en el siglo XVI para los tiradores del castillo. Con el tiempo se
llenó de artesanos, sobre todo orfebres, y en el número 22 vivió el escritor
Franz Kafka durante una temporada. Hoy, las casitas albergan pequeñas tiendas y
exposiciones que muestran cómo eran las viviendas de la época.
Antes de salir, pasamos por la antigua cámara de la tortura, espacio sombrío donde se exhiben instrumentos de castigo y se recuerda la
dureza de la justicia en siglos pasados.
Por la tarde, de camino a la Ciudad Nueva, pasamos junto al monumento ecuestre de Francisco I, una elaborada fuente neogótica construida en el siglo XIX durante el dominio de los Habsburgo.
El monumento alberga la estatua ecuestre del emperador Francisco I. Se encuentra situada junto al río, muy cerca del Puente Carlos. Llama la atención su color oscuro como muchos monumentos, torres y figuras en la ciudad de Praga.
Tras la independencia de Checoslovaquia en 1918, la estatua fue retirada por su asociación con el poder imperial y guardada en el Lapidario; en 2003 se colocó una réplica de yeso para devolver a la fuente su aspecto original.
Continuamos hacia la Ciudad Nueva (Nové Město), fundada por Carlos IV en 1348 con amplias avenidas y grandes plazas.
Esta zona, más dinámica y menos turística que el casco histórico, combina edificios históricos con ejemplos de arquitectura contemporánea y atrevida. Entre ellos destaca la Casa Danzante, un edificio modernista de líneas curvas y formas asimétricas diseñado por Frank Gehry y Vlado Milunić, que rompe con la uniformidad del entorno y se ha convertido en un icono de la Praga moderna. También abundan construcciones de principios del siglo XX con estilo art nouveau y funcionalista, galerías comerciales y pasajes cubiertos que contrastan con los palacios y templos medievales.
Cerramos la jornada con una cena en Restaurace Husinec, un restaurante típico de comida checa en Nové Město. Nos sentamos en su jardín trasero, ideal para culminar el día.
Hoy hemos ido a Kutná Hora, invitados por nuestra amiga Lucie de Home Exchange.
Esta antigua ciudad minera, que en la Edad Media llegó a rivalizar con la capital gracias a sus minas de plata, conserva un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad.
Nuestra jornada en Kutná Hora comenzó frente a la elegante Columna de la Peste (Columna de la Virgen María Inmaculada), erigida en el siglo XVIII como agradecimiento por el fin de una epidemia. En lo alto, la Virgen y el Niño Jesús con halo dorado, rodeados de ángeles y santos, simbolizan fe y protección.
A continuación, nos acercamos al Museo de la Plata – Hrádek, también llamado Mask, pero lo encontramos cerrado (lunes). Aprovecho para contarte que dentro alberga dos exposiciones principales: “La ciudad de la plata”, que muestra la historia medieval de Kutná Hora, su geología, arqueología y la acuñación de monedas; y “El camino de la plata”, que incluye una mina medieval original, una máquina de extracción, tecnología de acuñación y la recreación de una aldea de mineros, con una experiencia inmersiva.
Seguimos hacia la impresionante Catedral de Santa Bárbara, ejemplo extraordinario de gótico tardío, con sus magníficas bóvedas, contrafuertes y vidrieras, reflejo del pasado próspero de la ciudad.
Frente a la catedral se extiende el llamado Paseo de los Jesuitas, inspirado en el puente de Carlos, flanqueado por esculturas barrocas y con vistas al valle.
La última y más sobrecogedora parada fue el Osario de Sedlec (Kostnice Sedlec).
A simple vista, parece una pequeña iglesia blanca, pero en su cripta guarda algo excepcional: huesos de entre 40 000 y 70 000 personas utilizados como decoración.
Vimos pirámides de cráneos y fémures apiladas con precisión, un escudo de armas hecho con huesos, y la famosa lámpara de araña conformada por al menos un hueso de cada parte del cuerpo humano. Todo está dispuesto con una impecable estética barroca, permitiendo a la muerte convertirse en arte —un memento mori visual inolvidable 😑
Y llega el momento de poner punto final a nuestra estancia en Praga 😌
Once días de paseos y descubrimientos saboreados sin prisa. Urbe que, a lo largo de los siglos, ha sido capital de imperios, escenario de guerras religiosas, víctima de ocupaciones y testigo de revoluciones; que ha sabido resistir y transformarse sin perder su esencia. Praga, ciudad de las cien torres, joya de historia, arte y vida que aún sigue cautivando al mundo... Solo ha faltado Marina, "mi hija suiza”, para que todo fuera perfecto 💞
Fin.



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