NEW YORK, NEW YORK
Como la canción más significativa de Frank Sinatra con la que es imposible que no se le pongan a uno los pelos de punta... así me sentí nada más pisar suelo neoyorquino. Y es que he de confesar que nuestro viaje a "la ciudad que nunca duerme" me ha cautivado mucho más que la primera vez cuando atravesamos (algo adormilados por culpa de la luna de miel) el famoso puente de Brooklyn, dejándonos empapar con la magia de su ya mítica melodía...
Comenzamos nuestro intercambio americano un primero de julio con una desagradable sorpresa y es que el ansiado viaje a Nueva York iba a verse irremediablemente empañado la noche anterior con el desconcertante mensaje de Tap Portugal cancelando nuestro vuelo: todo el equipaje escrupulosamente preparado (violín incluido) y con casi un pie en la puerta de embarque ¡increíble!
Así que, con un día de retraso y un monumental cabreo empezaron pues nuestras soñadas vacaciones en la Gran Manzana concretamente en 566 W 159 Street, el apartamento de nuestros anfitriones en el upper Manhattan cien por cien genuino gracias a su comodidad, generosidad y valiosas recomendaciones para descubrir sitios recónditos como auténticos locales; un barrio tranquilo donde muchos vecinos salían a celebrar la caída de la tarde sentándose a la fresca en las escalinatas de los edificios, bebiendo cerveza y fumando al ritmo de una linda bachata hasta bien entrada la noche mientras nosotros, tratando de sortear los montones de basura acumulada diariamente en las aceras, volvíamos a casa exhaustos tras varias horas callejeando bajo un sol de justicia pero satisfechos al haber culminado con éxito nuestra exploración diurna.
Aunque como todo no iba a ser perfecto, la utopía de la igualdad resulta un enigma aquí ya que como un coctel de pasión se mezclan con informal naturalidad mulatos con latinos, asiáticos con hindúes; sin que nadie quiera parecerse a nadie y donde cualquiera puede hacer lo que le de la real gana: fumar maría, tumbarse borracho en la hierba o mendigar de forma invisible en el metro; siempre ¡claro está! no te saltes los límites que marca la ley, defendida ferozmente por el NYPD policías disfrazados de tipos duros que pueden fastidiar el sueño americano de quién ose rebelarse haciendo caso omiso a su alardoso poderío.
Por si no sabéis, la camaleónica NYC está formada por cinco distritos o boroughs que en realidad son zonas con personalidad e historia propias: Queens, Brooklyn, Staten Island, Bronx y Manhattan. A su vez, cada borough está formado por muchos barrios distintos. Por ejemplo, Williamsburg es un barrio del distrito de Brooklyn y Harlem es un barrio del distrito de Manhattan.
Nosotros decidimos dedicarnos a Brooklyn y Manhattan, los dos que más nos apetecían y que, desde luego, hemos pateado a fondo. La isla de Manhattan (cuyo nombre significa isla de las colinas) es la zona más conocida, pensar en el Bronx es sinónimo de barrio conflictivo por sus bandas callejeras y cuna del hip hop y del rap. Brooklyn es el borough más tranquilo donde vive gente moderna, Queens es el más extenso y con más diversidad cultural, un lugar en constante crecimiento. Staten Island es el menos conocido salvo cuando tomas el ferry gratuito que lo une a Manhattan para ver el skyline de la ciudad y acercarte a la Estatua de la Libertad.
Manhattan es inmensamente grande y ordenada, su forma es rectangular con unos veinte kilómetros de largo y casi cuatro de ancho. Fiel a su original filosofía está formada por una densa red mallada de grandes avenidas y calles perpendiculares. Para orientarse, Manhattan está dividida en tres grandes áreas: Downtown Manhattan desde el sur hasta la calle 14, Midtown Manhattan en el centro, desde las calles 14 a la 59 y Uptown Manhattan o parte alta desde la 59 donde comienza Central Park hasta el Bronx, al norte.
1 Financial District
2 Tribeca
3 Chinatown
4 Soho
5 Little Italy
6 Lower East Side
7W West Village
7 Greenwich Village
7E East Village
8 Chelsea
9 Gramercy
10 Garment District
11 Times Square
12 Midtown
13 Upper West Side
14 Upper East Side
15 Morningside Heights
16 Harlem
17 Washington Heights
He de reconocer que el legendario metro, sin ser mi preferido, ha resultado la opción perfecta para movernos por la ciudad de manera fácil y rápida. El subway de Nueva York abre 24/7 y su frecuencia es altísima; si optas por la metrocard 7 day ahorrarás ¡unos cuantos dólares!
Cruzando el famoso Puente de Brooklyn y perdidos entre calles empedradas residenciales del lujoso barrio de DUMBO (Down Under the Manhattan Bridge Overpass), pudimos disfrutar a orillas del East River de unas vistas de Manhattan que nos quitaron literalmente el hipo y que adornan mi mesilla de noche desde entonces 😍
Os recomiendo comer en uno de los puestos del Time Out Market de Brooklyn y subir, después, a la terraza gratuita para disfrutar de las maravillosas vistas del Skyline; si puede ser de noche cuando Nueva York se ilumina, mucho mejor.
Decíos que alucinamos con el arte urbano que se respira en este distrito, donde se concentran algunos de los mejores grafitis de la ciudad. Precisamente en la Zone One de Brooklyn asistimos a un concierto de música en el que Beatriz Sardón Martín (sobrina de nuestra familia anfitriona) tocaba el violonchelo acompañando a un grupo de bossa nova chill out que bajo una atmósfera relajante y sensual en la que solo faltó la caipirinha, eras transportado a la mismísima Copacabana.

También en Brooklyn disfrutamos de un largo paseo por Coney Island con un parque de atracciones algo decadente situado curiosamente al lado de la playa. Huele a mar, palomitas y deliciosos hot dogs del Nathan; un buen rincón para perderse cámara en mano contemplando el baile torpe de las gaviotas que, vigilantes, devoraban nuestros restos de comida retando al viento.
Atravesamos el barrio judío de Williamsburg notando el aire solemne de aquellos niños vestidos todos igual con sus tirabuzones y su kipá, como extraídos de una película de época.
Nos adentramos después en el histórico barrio Park Slope donde se encuentra el Brooklyn Botanic Garden que también visitamos con colecciones de rosales, lirios, orquídeas y hasta una explanada de cerezos orientales dignos del mejor jardín. Me llamaron especialmente la atención sus hermosas fuentes, estanques llenos de peces y nenúfares, colinas rebosantes de arbustos y el impresionante museo del bonsai con una variada muestra de árboles enanos y un pabellón tropical donde experimentar el bosque húmedo mientras caminas entre especies tropicales. Recorrimos también la senda de celebridades o Celebrity Path que "a lo Hollywood" rinde homenaje a reconocidas figuras nacidas en Brooklyn. Al final, fue Marina la que dio con Woody Allen...

Y desde allí una hora larga bajo un sol abrasador hasta que Gabriela encontró su añorado "Hot Topic": una cadena americana de tiendas especializada en ropa punk/grunge donde dejó parte de sus ahorrillos...
Triste recuerdo el de las Torres Gemelas del que casualmente hicimos foto en el año 2000 (hoy la Zona Cero) donde el 9/11 Memorial Plaza rinde homenaje a las casi 3.000 víctimas de los ataques terroristas aquel fatídico 11 de Septiembre de 2001.
Unas enormes cascadas llenan las dos piscinas del monumento que representan a las torres ausentes y en sus paneles de bronce, los nombres de los fallecidos. Un impactante oasis de emoción que pretende recordar el terrible pasado avanzando hacia un futuro quizás más optimista.
En el área del World Trade Center se encuentran también otros edificios como el One World Trade Center o Torre Libertad y el Oculus, un centro comercial gigante construido por Santiago Calatrava que representa en realidad un ave que emprende el vuelo, metáfora del espíritu de una ciudad que no se rinde.
Uno de los mejores lugares que tiene Nueva York para caminar, hacer shopping y perderse por callecitas dignas de la mejor película de Woody Allen es el Village; su progresismo light, aire bohemio y toque gay-chic me teletransportó directamente al Le Marais de París o al Chueca de Madrid. Buscamos y encontramos el edificio de la serie Friends adentrándonos después en el SOHO (llamado así por estar situado al Sur de la calle Houston o SOuth of HOuston), un vecindario de artistas aburguesados durante los años 60-70 cuando estos espacios eran baratos porque las antiguas fábricas se reconvertían en lofts y estudios.
Un lugar muy vintage, con sello propio donde se pueden ver esas increíbles fachadas con sus escaleras de incendios típicas, tiendas de diseñadores famosos, galerías de arte y cafés de moda para hacer una pausa después de tomar unos ricos perritos en Washington Square: un parquecillo con cierto toque romántico por culpa de su hermosa fuente, plagado de bandas de jazz demostrando su talento por cualquier rincón, universitarios descansando a la sombra de un árbol centenario o abueletes jugando al ajedrez.
Desde Washington Square nos acercamos al Flatiron Building, el primer rascacielos de Nueva York con una forma única, similar a las planchas de ropa. Cuentan que su arquitecto se inspiró en las columnas griegas clásicas para su construcción y que su forma triangular producía túneles de viento en las calles laterales levantando las faldas a las damas que por allí transitaban. Se puso de moda que grupos de hombres se apiñaran en la calle 23 para disfrutar del espectáculo. Hoy es un edificio de oficinas al que no se puede entrar que, dicen, será convertido en hotel.
Es precisamente en el extremo norte de este entorno relajante de Washington Square donde se encuentra el gran arco de mármol que da comienzo a la Quinta Avenida, la más famosa de la ciudad y que comunica el norte y sur de Manhattan.
Podíamos comparar esta calle tan comercial con los Campos Elíseos de París. Además de Armani, Cartier, Tiffany's y un largo etcétera, Apple es famosa por ofrecer ordenadores con conexión gratuita a internet. Se encuentran también ahí la catedral de San Patrick, la Estación Central, la Biblioteca Pública y el Empire State Building cuyas vistas de la ciudad desde el observatorio al atardecer son increíbles. Al parecer se construyó en tiempo récord: 13 meses a ¡¡¡4 plantas y media por semana!!! Nada que envidiar al mítico Rockefeller center y su Top of the Rock que nos quedó pendiente para una próxima vez. Las boutiques más lujosas de la gran manzana se encuentran ubicadas en los sótanos de estos edificios con su pista de patinaje sobre hielo y congregando millones de visitantes para ver el encendido del gran árbol de Navidad.
Nos recomendaron visitar los americanos en la Quinta Avenida la tienda más grande del mundo para los incondicionales de Harry Potter con objetos originales de las películas y productos únicos de coleccionista, por lo que aprovechamos los mayores para tomar algo ahí cerquita en el Rooftop Bar NYC: una terraza al aire libre en el piso 21 en un ambiente muy cool, coronita en mano y rascacielos de fondo. Todo un lujo.
En la Quinta Avenida encontramos la mayor concentración de museos de la ciudad, de ahí que le llamen La Milla de los Museos. Nos acercamos al Guggenheim de estilo similar al de Bilbao con una de las mejores colecciones de arte moderno.
Teníamos invitación para el Museo de la Ciudad de Nueva York que explica la evolución de la ciudad así como sus principales acontecimientos históricos haciendo especial hincapié en la lucha por los derechos de la población negra y homosexual, el feminismo y el sufragio universal. El edificio es de estilo colonial y cuenta con una escalera y lámpara maravillosas.

Y del Soho a Little Italy, el barrio donde se asentaron los inmigrantes italianos que llegaron a lo largo de los años de emigración a Nueva York. Mantiene la esencia italiana de restaurantes y terrazas destacando su avenida principal Mulberry Street (mi favorita). Allí cenamos en el Gelso & Grand, un bar luminoso y elegante donde sirven pastas caseras y otros platos italianos aunque el camarero que nos atendió justamente de italiano tenía poco 😂
Nos quedó pendiente (para disgusto de Marina) pasarnos por el Ellen's Stardust Diner de Broadway: divertido restaurante temático retro años 20 si buscas la esencia de un dinner americano auténtico con camareros cantantes y una larguíííííísima cola para entrar que nos desanimó un poco.
Y si quieres llevarte un pequeño trocito de China, has de visitar ahí cerquita otro de los barrios con identidad propia levantado por inmigrantes: Chinatown con calles laberínticas llenas de gente y actividad comercial frenética donde es imposible no comprar alguna imitación barata en alguna de sus tiendas desordenadas y diminutas. Nos llevó Marina a su rincón favorito, el Columbus Park un pequeño universo de gente mayor cantando y tocando en los bancos, sentados alrededor de las mesas jugando acaloradas partidas de cartas o vaya usted a saber...
Union Square es otra animada plaza de Manhattan con mucha actividad, punto de encuentro de ajedrecistas entretenidos, cierto olor a marihuana y hasta un mercadillo de productos ecológicos, miel, quesos artesanos o verduras locales .
El gigante e imponente Macy's se alza con descaro enfrente, bien vale la pena una visita a estos clásicos almacenes (los más grandes del mundo) encargados de organizar anualmente la cabalgata de Navidad y el desfile del día de Acción de Gracias. Con sus estrechas y algo anticuadas escaleras mecánicas de madera, sitio curioso donde en sus nueve plantas encontramos prácticamente de todo a un precio bastante asequible. Un clásico para todos los gustos, especialmente acogedor en nuestra única tarde de lluvia.
Decidimos dedicar un día casi completo al Central Park en el Midtown, la joya de la corona. Preparad la cesta de picnic porque tanto césped, lagos, pájaros, ardillas y alguna rata despistada en mitad de la ciudad de los rascacielos, hace que un paseo por cualquier rincón de este parque merezca la pena. En su punto más alto sobre un lago, el Castillo Belvedere, al que tuvimos la suerte de subir y desde el que pudimos disfrutar de una excelente panorámica.
Otro parque al que fuimos varias veces porque está lleno de actividades veraniegas como su programa de cine al aire libre y que invita a tumbarse en el césped al tratarse de un oasis de naturaleza entre tanta oficina y rascacielos es el Bryant Park. Verdaderamente un rincón verde y recogido con varios quioscos de comida y café donde refugiarte mientras observas la ciudad con tranquilidad.
Y cómo no recorrer obnubilados el famoso Upper East Side del Downtown Manhattan: el trozo de manzana que todos quieren morder, exquisito, elitista y pegado al Central Park, justo enfrente del MET (uno de los museos más importantes y antiguos del mundo) repleto de famosos apartamentos de lujo con elegantes porteros negros vestidos con librea en la puerta del edificio que parecen invitarte a entrar. Mención especial al Dakota building (esta vez en el Upper West Side) donde en un trágico 8 de diciembre de 1980 John Lennon fue asesinado a manos de un fan enloquecido. Justo a la misma altura que el edificio pero en Central Park podéis visitar los Strawberry Fields, un jardín en su memoria por iniciativa de Yoko Ono dónde veréis una placa llena de flores con la inscripción "Imagine".
Empezamos otra mañana recorriendo el High line Elevated Park, un lugar bastante peculiar porque se construyó sobre unas antiguas vías de ferrocarril elevadas que atraviesan el centro de Manhattan, antiguamente por esta línea pasaban los trenes que transportaban la carne desde los mataderos del Meatpacking. Posee zonas verdes y bancos para descansar mientras das un agradable paseo lejos de las altas temperaturas, observando la ciudad y su famoso río Hudson.
Aunque no somos fanáticos de las obras de arte, dejar de visitar el MOMA era impensable. La variedad de obras de autores como Picasso, Dalí, Rodín y otros es espectacular pero, en mi humilde opinión, la colección de Van Gogh con su "Noche estrellada" y "Hope" de Gustave Klimt que despertó mis memorias del confinamiento, fueron lo único que sinceramente me gustó. El arte moderno desplegado sorprende bastante pero para apreciarlo en toda su dimensión y no pasar por alto detalles interesantes, una visita guiada nos hubiera resultado muy útil.
Tuvimos suerte esta vez y al fin pudimos presenciar desde la bahía del East River unos fuegos artificiales de los de verdad. Y es que el día 4 de julio ha de celebrarse la Independencia de los Estados Unidos como manda la tradición: con el mejor espectáculo de fireworks que he visto nunca o, como dicen los americanos, "mirando hacia adelante con la esperanza renovada de un mañana más brillante". Más de tres kilómetros de espacio público para poder disfrutar del espectáculo con unas medidas de seguridad que no dejaron a nadie indiferente. Una experiencia única, sin duda.
Y para espectáculos los de Broadway. Si te gusta el arte escénico a la máxima potencia, no puedes perderte el Phantom of the Opera en el Majestic Theatre: una puesta en escena impresionante, de principio a fin. Basado en la novela francesa de Gastón Leroux, su trama central se desarrolla en torno a Christine: una joven soprano de la Ópera de París que se convierte en la obsesión de un misterioso compositor desfigurado. Una historia de amor y misterio con un despliegue majestuoso de efectos especiales, vestuario y escenografía. Lo mejor de todo, el increíble derroche de talento de los actores que con sus magníficas voces superaron ampliamente nuestras expectativas.
En el corazón de la ciudad (The Crossroads of the World) con sus miles de pantallas LED y carteles publicitarios de colores vibrantes, está la plaza más famosa y concurrida de Nueva York: Times Square. Escenario de numerosas películas, las luces de la plaza más bulliciosa de Manhattan lo iluminaban todo mágicamente...
Chelsea Market es otro must de NY al que no se puede faltar. Alojado en la antigua fábrica de NABISCO (National Biscuit Company) donde se crearon las famosas galletas Oreo, este mercado cubierto conserva parte de su estructura fabril con techos altos y paredes de ladrillo lo cual le confiere una gran personalidad y encanto. Pintoresco, cálido y original, plagado además de pequeños sitios para los amantes de la gastronomía como el restaurante Thai donde cenamos y... repetimos, esta vez más acompañados 😉

Llegamos por casualidad al Financial District en el Downtown, el verdadero cerebro de Manhattan, con Wall Street y la Bolsa como muestra y donde se llevan a cabo las mayores operaciones que afectan a la economía mundial. Parada obligatoria si lo que deseas es sacarte una foto junto al emblemático bull de bronce donde, dicen, tocar sus partes da buena suerte.
Dejo para el final, a propósito, nuestra travesía en barco hacia Liberty Island donde se encuentra la mítica Miss Liberty iluminando el mundo como símbolo de libertad y esperanza para los inmigrantes que llegaban al país. Su diseñador fue el francés Bartholdi y el armazón interior fue obra de Gustave Eiffel, el mismo que construyó años después la Torre Eiffel.
En realidad fue un regalo de Francia a Estados Unidos por la celebración del centenario de la independencia de Estados Unidos del Reino Unido y su color verde se debe a la oxidación del cobre, siendo de oro únicamente el recubrimiento de la antorcha.
"Dadme vuestras cansadas masas deseando respirar aire libre. El maldito desecho de tu repleta orilla. Mandadme a estos seres sin tierra que la tempestad me trajo. Alzo mi lámpara junto a la puerta dorada."
Conseguimos sacar fotos a la estatua de cerca, vistas panorámicas de la ciudad impresionantes e inolvidable experiencia a tan solo 35 grados...
I want to wake up in a city
that doesn't sleep
top of the list
head of the heap
king of the hill
New York, New York 🎵🎵🎵🎵

Dicen que "el perfume es la fragancia invisible" Gracias, Yolanda Martín, por ser tan visible y ayudar a que nuestras vacaciones americanas hayan resultado simplemente INCREIBLES.























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