BERLÍN

La capital alemana es una de las ciudades más curiosas y emblemáticas de Europa. Sorprendentemente tiene una historia joven ya que apenas goza de 800 años de vida... pero, sin duda, de una vida ¡¡única!! La antes dividida ciudad de Berlín ha pasado en menos de 20 años de ser una ciudad oscura, triste y apática a convertirse en una urbe moderna, dinámica y cosmopolita. Bajo su cielo conviven personas llegadas desde 180 países diferentes, en realidad solo el 25% de los berlineses nacieron y crecieron en la capital alemana. En la actualidad es conocida, además de por ser uno de los ejes principales de la política europea, por su alta calidad de vida, su arquitectura y su intensa vida cultural. Esto de ser tan abierta y cosmopolita fue una de las razones por las que Hitler no terminaba de conectar con Berlín. De hecho se dice que uno de los objetivos que tenía al final de la guerra (perder no era para él ni siquiera una opción) era modificarla completamente. Destruída, sin embargo, por las bombas de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, quedan pocos rastros de la época hitleriana como búnkeres o campos de concentración pero si son patentes aún las huellas comunistas de la ex Alemania Oriental, como los trozos del famoso muro o los bloques soviéticos convertidos en originales casas okupas o hausbesetzung que, a nuestra hija Gabriela, intranquilizaban bastante a su paso. Con la reunificación alemana, Berlín ha recuperado su antiguo esplendor a una velocidad de vértigo.

Herzlich willkommen in Berlin!!



Puede que no fuera un flechazo a primera vista pero... tras varios días allí, comprendí que Berlín es una de esas ciudades que se dejan descubrir poco a poco y que, curiosamente, se valoran mucho más cuando la recuerdas que cuando la vives. El arte urbano está presente en toda la ciudad y, sinceramente,  nos encantó. Sin embargo, parece ser que el ayuntamiento no lo tiene tan claro y gastan unos 35 millones de euros anuales en restaurar las fachadas "invadidas" por estas pinturas. Para nosotros Berlín es, sin duda,  el lienzo de magníficas obras de arte al aire libre y representa el mejor símbolo de libertad donde miles de personas expresan sus pensamientos en las paredes, documentando mediante sus obras la esperanza de un mundo mejor.



Francamente, se trata de un lugar con una historia increíble. Divertida, multicultural, interesante, acogedora, sorprendente, cosmopolita: así es esta fantástica ciudad impregnada de encanto histórico y ¡repleta de sorpresas!...


Prueba de esto último es el curioso oso que forma parte del escudo de armas de Berlín y que no falta en ninguna de las tiendas de souvenirs que visitamos. De hecho, la tradición popular dice que el oso podría ser parte del nombre de la ciudad ya que en alemán se escribe Bär. Además, estos animales tienen un importante significado: promueven la tolerancia, la comprensión entre los pueblos y la paz entre las naciones del mundo. Otra teoría igualmente válida explica que el nombre de Berlín parece proceder de la palabra "berl" que en la lengua eslava del lugar, el polabo, significa pantano más el sufijo -in que indica lugar y, por lo tanto, querría decir "tierra o lugar pantanoso".

A simple vista, Berlín es una ciudad gigante con muchos y diferentes distritos , cada uno con características especiales, amplia oferta de turismo, alojamiento, restaurantes y, por supuesto, vida nocturna. Nosotros, dada su enormidad, decidimos movernos por los más conocidos... wie hier! como dicen los alemanes:

- Manhattan es a Nueva York lo que Mitte a Berlín. Éste es el principal distrito de la ciudad por muchos motivos. En Alemán significa “Centro” y es precisamente eso, el centro de la ciudad y de todas las miradas.


- City West (Charlottenburg, Schöneberg y Tiergarten) es una de las principales calles comerciales en el antiguo Berlín Occidental, especialmente de bienes de lujo. Muchos restaurantes y hoteles están aquí. Schöneberg es generalmente una acogedora zona de hippies, familias jóvenes y homosexuales. Si pensamos en parques urbanos de grandes ciudades, probablemente a todos nos viene a la cabeza Central Park en Nueva York o Hyde Park en Londres. Pero no todos pensamos en el Tiergarten de Berlín. Y, sin embargo, el pulmón verde de la capital alemana, con sus 210 hectáreas, es uno de los más grandes de Europa. Charlottenburg (fotos de abajo) es un barrio de tradiciones. Debes visitar este sofisticado barrio chic sin dejar de lado su fastuoso Palacio, uno de los más bellos edificios perteneciente a la dinastía prusiana. Comenzó siendo la residencia veraniega del rey Federico y su esposa Sofía Carlota, quién da el nombre al palacio.  Éste fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial, pero mantiene la decoración rococó de la época. Durante la visita recorrimos las diferentes estancias del palacio mientras la audioguía narraba las historias acontecidas en cada una de ellas, transportándonos mágicamente a la época en la que aún se encontraban llenas de vida y la realeza disfrutaba del palacio.  Os aconsejo además pasear por su hermoso jardín barroco con lago incluido y dejaros llevar especialmente por la atmósfera que se respira en la bellísima Casita de Té Belvedere, una pequeña construcción de 1788 digna del mejor cuento de hadas.




- Central y Oriental (Friedrichshain, Kreuzberg, Prenzlauer Berg) Friedrichshain y Kreuzberg son dos barrios que quedaron unidos en 2001 pero que deben ser tratados por separado debido a sus grandes diferencias y el gran interés que pueden despertar. Kreuzberg cayó en manos de los estadounidenses tras la división de la ciudad, y es hoy el barrio de los graffitis y las pegatinas, de los kebabs y del mercado turco. Prenzlauer Berg es el barrio más poblado de Berlín. Muy grande, cómodo y muy bien comunicado por el transporte público, es uno de los pocos barrios que mantiene la mayoría de sus casas originales motivo por el cual es una zona muy homogénea estéticamente y arquitectónicamente. Friedrichshain ¡nuestro distrito! es un viejo barrio popular de la antigua Berlín este. A diferencia de los barrios adyacentes, Friedrichshain sufrió grandes daños durante los bombardeos del 45. Ahora es un barrio un poco alternativo, donde viven los artistas e intelectuales de la ciudad. Hay un montón de cafés, que sirven un brunch los domingos, a un precio mínimo. El barrio está organizado alrededor de la Boxhagener Platz, una plaza tranquila con un parque en el centro, que se llena el fin de semana para acoger un mercadillo de segunda mano. Una zona ¡¡absolutamente adorable!!






Mi consejo es dividir vuestra visita según áreas temáticas y dedicar uno o dos días a cada una de ellas. En concreto, nosotros decidimos planificar nuestra agenda de acuerdo con los siguientes temas:

  • Segunda Guerra Mundial (Monumento a los judíos, Topografía del terror, Under Van Linden, Barrio judío)
  • Guerra Fría (Muro de Berlín, East Side Gallery, Checkpoint Charlie)
  • Berlín Actual (Kreuzberg, Prenzlauer Berg, tour street art y Tempelhof)

Como os señalé al principio, Berlín es una ciudad enorme y para visitar sus principal puntos de interés, tendréis que utilizar una y otra vez los medios de transporte. Nosotros optamos por movernos básicamente en metro al tratarse de uno de los servicios de transporte más populares de la ciudad.

El sábado 29 de Junio (casualmente día de mi cumpleaños) tomamos nuestro vuelo Ryanair FR 1573 con destino Berlín, aeropuerto de Schonefeld. Habíamos decidido contratar días antes un free tour por el centro de Berlín y, aunque técnicamente no es gratis ya que al final de la visita deberéis dejar propina al guía, tengo que confesar que se trata de un dinero muy bien invertido. Durante las tres horas de recorrido conocimos los principales puntos turísticos de Berlín y buceamos con entusiasmo en la historia de la ciudad. Os dejo el enlace de la página Buendía Tours a la que nos dirigimos y que, sin duda, gracias a nuestra guía Lau mereció la pena:


https://www.berlin-tours.es/

Empezó  el tour contándonos qué Berlín nace en 1307 cuando se fusionan las ciudades de Cölin y Berlín y así se forma una sola ciudad de 7.000 habitantes que conserva el nombre de Berlín. En 1415 fue elegida capital del estado de Brandenburgo, uno de los muchos estados que componían el Imperio Romano Germánico. En 1701 Berlín se convierte en la residencia real de los Hohenzollerns  la realeza crea un nuevo país llamado Prusia.  La historia moderna de Berlín comienza en 1871 con la derrota de Austria por Prusia, todos los reinos alemanes se suman al triunfo e invitan al rey prusiano a convertirse en Káiser de Alemania. Berlín se convierte entonces en una de las ciudades más grandes e importantes del mundo, pasando a ser un referente cultural, arquitectónico y financiero a nivel mundial. El último Káiser, Guillermo II,  no muy hábil en asuntos de relaciones exteriores, lleva a Alemania a la Primera Guerra Mundial. Tras el Tratado de Versalles, Alemania se convierte en democracia dando lugar a la República de Weimar. En los años veinte, florece la vida cultural. Berlín es centro de innovadoras representaciones teatrales, estrenos de películas llenas de glamour y una vida nocturna incomparable. Así pasa a ser el centro de los "dorados años veinte". Pero al mismo tiempo, después de la Primera Guerra Mundial, se vive una gran crisis, lo que junto a la operación de falsa bandera más conocida en la historia consistente en el incendio que provocaron los nazis en el Reichstag para detener y culpar a la oposición comunista, ayuda a Hitler a llegar al poder en 1933 cuando tras convocar elecciones, su partido se hizo con la mayoría de votos. El Tercer Reich ya estaba en marcha. Dicen que el dictador estaba obsesionado con transformar Berlín y convertirla en la Welthauptstadt, ¡la capital mundial!, una urbe única y especial, acorde con sus absurdas pretensiones imperialistas. Para lograrlo, el Führer diseñó un ambicioso plan urbanístico (la arquitectura fue uno de sus muchos sueños frustrados) y puso al frente del mismo a Albert Speer, autor del proyecto del nuevo Berlín. El objetivo estaba claro: Berlín debía deslumbrar a todo el que pasara por allí. Grandes avenidas, monumentales edificios, teatro colosal y hoteles de lujo dan prueba de ello. Lo primero que ordenó fue levantar un gran estadio para acoger las Olimpiadas de 1936. Así nació el Olympiastadion con su peculiar estructura en forma de óvalo y donde se conserva el Führerloge, el palco presidencial desde donde Hitler, muy enfadado, vio como un atleta negro, Jesee Owens, ganaba ¡cuatro oros!


Después de reestructurar la economía y rearmar las fuerzas armadas, estableció una dictadura totalitaria, persiguiendo a judíos, comunistas, homosexuales, artistas y cualquier opositor al régimen. Al terminar la Segunda Guerra Mundial la ciudad quedó tristemente reducida a escombros. Tras la derrota del régimen nazi, Berlín fue dividida en cuatro sectores bajo administración de los aliados y soviéticos. En 1948 los tres sectores occidentales pertenecientes a Berlín Oeste se reunifican en el marco de la República Federal Alemana (RFA) a lo que la Unión Soviética replicó con el bloqueo de su sector de la ciudad y la creación de la República Democrática Alemana (RDA) con capital en Berlín Este.



Como no podía ser de otra manera, nuestra primera parada fue el Muro de Berlín. Durante casi 29 años en plena Guerra Fría, la ciudad fue separada en dos por este muro: a un lado los aliados y al otro los soviéticos. Los habitantes de Berlín occidental utilizaban el Muro de Berlín como una forma ideal para deshacerse de la basura. Si tenían algo que tirar, no tenían problemas: lo lanzaban por encima del muro para que cayera al otro lado. Después de todo, a los pocos minutos, no era extraño que la tuvieran de vuelta. La noche del 9 de noviembre de 1989 se vivió la Caída del Muro de Berlín, en pro de las libertades, pero no se destruyó del todo y hoy en día todavía se conservan algunos tramos. Si queréis saber dónde se levantó el Muro de Berlín, solo tenéis que mirar con atención el suelo ya que su antigua localización está señalada por una doble hilera de adoquines, normalmente acompañados por una placa que dices "Berliner Mauer 1961-1989).



Si lees la inscripción correctamente, significa que estás en el lado occidental. Si por el contrario no puedes leerla, estarías pisando suelo oriental. Curioso ¿no?.  En concreto, os recomendamos ir a la East Side Gallery, que no solo es el tramo del Muro de Berlín más largo y mejor conservado, también es una de las galerías de arte al aire libre más sensacionales del mundo.


De hecho, la East Side Gallery de Berlín es la galería por excelencia. Con casi un kilómetro y medio de pinturas es la más larga del mundo. Además las 101 obras de artistas de más de 21 países diferentes, están hechas sobre una parte del antiguo muro de Berlín. Concretamente, el sector más largo que se conserva. La imagen más famosa de la galería es el beso entre Brezhnev y Honecker, presidentes de la URSS y Alemania Oriental que se besaron durante la celebración del 30º aniversario de la República Democrática Alemana. No era un beso de pasión sino que representaba en realidad la solidaridad comunista.


También nos dejamos seducir por lo que se ha convertido en el monumento más famoso de la ciudad:  la imponente Puerta de Brandemburgo, gran icono de la ciudad y mandada construir por Guillermo II, rey de Prusia entre 1789 y 1793,  donde David Hasselhoff cantó la canción "Looking for Freedom" durante la Nochevieja de 1989 y unas bengalas casi le pillan de pleno... Pues bien, antes también había otra puerta pero ésta formaba parte de las murallas de la ciudad y contaba con un puente levadizo para salvar el foso. Para su construcción el arquitecto se basó en los propileos (entradas monumentales con columnas) de la antigua Grecia. En sus orígenes, no todo el mundo podía atravesar el monumento por su parte más ancha. De sus cinco pasajes, el central estaba reservado a los miembros de la realeza. Los adyacentes, solo podían ser usados por la aristocracia, así que el ciudadano de a pie, solo podía atravesar los dos exteriores. Originalmente, Irene, la diosa de la Paz que guiaba la cuadriga, portaba una lanza con dos escudos y un casco en lo más alto, sin embargo, este primer modelo no convenció a los berlineses, por lo que se decidió cambiarlo y se colocó un águila sobre una corona de laureles.  Se ve que al "pequeño corso" le hacía ilusión llevarse algún souvenir de su victoria contra Prusia y su entrada a Berlín así que mandó desmontar la cuadriga y enviarla a París.  Más tarde, después de la derrota de Napoleón, el famoso arquitecto Karl Friedrich Schinkel creó el diseño definitivo que consiste en una cruz de hierro encerrada en una corona de hojas de roble con un águila con las alas extendidas encima y la diosa Irene pasó a ser la diosa de la Victoria. Después de la Segunda Guerra Mundial, la puerta sufrió graves destrozos, quedando la cuadriga prácticamente destruida. Con la construcción del muro, la puerta quedó dentro del área del muro y pasó a ser la Franja de la Muerte. Por suerte, las autoridades se unieron posteriormente para reconstruir la puerta y hoy en día, tras haber sido testigo en primera persona de un convulso siglo XX,  constituye felizmente uno de los grandes símbolos de Berlín.

Justo al lado de la Puerta de Brandemburgo y a escasos pasos del Reichstag se encuentra el Hotel Adlon, el más caro de Berlín donde pasar la noche puede llegar a costar la friolera de 26.000 euros...



En él se han alojado reyes, estrellas de cine, intelectuales y jefes de Estado. En 1936 fue nombrado sede oficial de los Juegos Olímpicos de Berlín y en 1945 fue convertido en hospital militar. El Adlon fue protagonista también en 2002 del escándalo mediático provocado cuando el cantante Michael Jackson mostró su hijo pequeño a un grupo de fans, colocándolo por encima del balcón del cuarto piso en que se hospedaba.

A continuación nos llevó al lugar donde mejor se percibe el espíritu del ministro Joseff Goebbels, gran orador, director del principal diario nazi "Volkischer Beobachter" y famoso por su populista dominio del lenguaje. Os estoy hablando de la Bebel Platz, conocida debido a los acontecimientos que tuvieron lugar la noche del 10 de mayo de 1933, cuando fue el escenario de una gran hoguera en la que se quemaron veinte mil libros, muchos de ellos originales,  de algunos autores censurados por los nazis. Las letras de Karl Marx, Ernest Hemingway, Heinrich Heine o Sigmund Freud ardieron mientras Goebbels gritaba excitado: "¡Contra la decadencia y la depravación moral!" En el centro de la plaza podéis ver una losa de cristal que cubre una estantería vacía, la llamada "Habitación del Silencio", un sótano blanco en memoria de la quema de libros de 1933. Parece ser que el tamaño de la estantería equivale al que debían ocupar los libros quemados aquella trágica noche. Resulta curiosa la frase tomada de un libro de Heine escrito más de 100 años atrás en el que dice: "Eso sólo fue un preludio, ahí donde se queman libros, se terminan quemando también personas".


Desde allí nos dirigimos a la Topografía del Terror o Franja de la Muerte. La maltrecha economía soviética y la floreciente Berlín occidental hicieron que hasta el año 1961 casi 3 millones de personas dejaran atrás la Alemania Oriental para adentrarse en el capitalismo. La RDA comenzó a darse cuenta de la pérdida de población que sufría, especialmente de altos perfiles profesionales, así que la noche del 12 de agosto de 1961 decidió levantar un muro provisional alrededor del sector occidental. A la mañana siguiente, se había colocado una alambrada provisional de 155 kilómetros que separaba las dos partes de Berlín y que dividió también a sus habitantes durante casi veintinueve años. Los medios de transporte se vieron interrumpidos y ninguno podía cruzar de una parte a otra. Durante los días siguientes, comenzó la construcción de un muro de ladrillo y las personas cuyas casas estaban en la línea de construcción fueron  desalojadas.


El Muro de Berlín acabó por convertirse en una pared de hormigón de hasta 4 metros de altura, con un interior formado por cables de acero para aumentar su resistencia. En la parte superior colocaron una superficie semiesférica para que nadie pudiera agarrarse a ella. Acompañando al muro, se creó la llamada franja de la muerte, formada por un foso, una alambrada, una carretera por la que circulaban constantemente vehículos militares, sistemas de alarma, torres de vigilancia y patrullas con perros las veinticuatro horas del día. Tratar de escapar era arriesgar demasiado.


Aún así fueron muchos los que lo intentaron como la fuga orquestada por Strzelczyk y Wetzel en 1979 que, tras construir un motor de globo de aire caliente con retazos de tela y sábanas viejas, flotaron con sus esposas y sus cuatro hijos hasta 2.400 metros sobre el muro de Berlín. Sin embargo, otros no corrieron la misma suerte, de hecho las cifras oficiales muestran que al menos 136 personas murieron tratando de cruzar el muro. En el museo del muro del Checkpoint Charlie (uno de los 3 diferentes puntos de control además de Alfa y Bravo),  se narran las historias más curiosas de cómo la gente consiguió cruzar el muro.


La caída del muro vino motivada por la apertura de fronteras entre Austria y Hungría en mayo de 1989 ya que cada vez más alemanes viajaban a Hungría para pedir asilo en las distintas embajadas de la República Federal Alemana. Este hecho motivó enormes manifestaciones en Alexanderplatz que llevaron a que el gobierno de la RDA afirmara el 9 de noviembre de 1989 que el paso hacia el oeste estaba permitido. Ese mismo día, miles de personas se agolparon en los puntos de control para poder cruzar al otro lado y se produjo un éxodo masivo. Al día siguiente se abrieron las primeras brechas en el muro y comenzó la cuenta atrás para el final de sus días. Una vez liberados, familias y amigos pudieron volver a verse después de ¡¡¡¡28 largos años!!!!.

Si seguimos hablando de récords, no podemos olvidar la majestuosa Torre de la Televisión (más conocida como Fernsehturm) que posee, de hecho, la estructura más alta del país y desde cuyo mirador podéis obtener unas vistas panorámicas insuperables de Berlín.


Su apariencia nos recuerda a la CN Tower de Toronto, monumento más emblemático de la ciudad canadiense. Con 368 metros de altura y una planta a 207 metros donde se pueden contemplar unas vistas estupendas de la ciudad, la Torre de la Televisión domina el skyline berlinés y cada año recibe más de un millón de visitas.  La Fernsehturm, erigida en 1969, fue durante años el orgullo de la RDA, una torre construída con la intención de mostrar la superioridad del comunismo sobre el capitalismo. Pero, ironías de la vida, el cristal que cubre la parte principal de la estructura hace que, cuando refleja el sol, se vea una maravillosa cruz en el centro de la esfera. Este curioso fenómeno hizo que los occidentales la llamaran  "La Venganza del Papa" echando por tierra la propaganda comunista. Sin embargo, los avergonzados soviéticos declararon que la cruz no era tal sino más bien un signo +, un diseño futurista que añadía importancia al "inigualable" estatus del régimen de la RDA... según ellos.


La Torre de la Televisión se encuentra situada en Alexanderplatz, una de las plazas más importantes de la ciudad muy animada además esos días ya que casualmente se celebraba la Kenako Africa Festival con conciertos de música africana todas las noches y muchos puestos de comida, bebida artesanía típica y recuerdos exóticos.


Alexander Platz, considerada el centro de Berlín desde la Edad Media, alberga además la Galería Kaufhof, un centro comercial al más puro estilo "Corte Inglés" y un famoso reloj mundial que señala la hora de todos los países del mundo.



No es, sin embargo, la plaza más moderna de Berlín pues le quita el puesto la Potsdamer Platz, centro financiero de la ciudad, con grandes rascacielos acristalados y durante muchos años un terreno vacío ya que formaba parte de la zona de seguridad que separó las dos Alemanias durante la Guerra Fría. Erigida tras el muro y presidida por el moderno Sony Center, en esta plaza se instaló el primer semáforo de Europa.


Edificado en las cercanías de la Puerta de Brandenburgo,  te deja literalmente los pelos de punta. Estoy hablando del Monumento al Holocausto cuya inauguración fue bastante reciente, concretamente en 2005.


2.711 bloques de hormigón de diferentes alturas forman esta joya arquitectónica en memoria de los judíos asesinados en Europa, recuerdo de uno de los episodios más oscuros de la humanidad y cuya visita comienza con un repaso a la política nacionalsocialista de exterminio llevada a cabo entre 1933 y 1945. Un aspecto que me llamó la atención y que Lou nos contó trata de la polémica que se causó por la participación de Degussa en el proyecto. Esta compañía fue la encargada de cubrir las losas con una sustancia anti grafiti para que el monumento se mantuviera intacto ante cualquier acto vandálico. Una obra muy agradecida si no fuera porque esta misma empresa estuvo involucrada en la persecución nazi contra los judíos... ¡¡hay que fastidiarse!! Inicialmente se pensó en grabar el nombre de las víctimas en los bloques de hormigón, sin embargo este proyecto acabó siendo rechazado. Por ello existe un punto de información subterráneo en que se ha creado un museo con los nombres y la vida de las víctimas al que también asistimos. Dicen que, quien quiera conocer a todas ellas en detalle podría estar allí metido  escuchando las historia durantes seis meses seguidos. En definitiva, el Monumento al Holocausto provoca diversidad de opiniones entre sus visitantes. De hecho, la intención de su arquitecto Peter Eisenman era crear un lugar oscuro donde el turista se sintiera desorientado, al igual que las víctimas del nazismo. Para nosotros fue una experiencia impresionante recorrer los pasillos rodeados por losas cada vez más altas que provocan una sensación angustiosa ya que en este cementerio del horror,  cada lápida está perfectamente colocada. ¡Sobrecogedor!

Terminamos la visita en el parking bajo cuyo suelo se escondía el Búnker donde se suicidó el Führer el 30 de abril de 1945 cuando los bombardeos rusos asolaban Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial, deseosos de destruir el corazón del dominio nazi. En la noche del 29 de abril, Hitler se casó con Eva Braun y dictó su testamento político a su secretaria Traudl Junge. En su voluntad estipulaba que su cuerpo y el de Eva Braun fueran cremados antes de caer en manos de sus enemigos y  nombraba a Josef Goebbels como su sucesor. Sin embargo, el mandato de Goebbels como canciller fue muy corto ya que el 1 de mayo, él y su esposa Magda Goebbels envenenaron a sus 6 hijos con cianuro potásico y se suicidaron. Al día siguiente Berlín se rindió y el Ejército Soviético ocupó todos los edificios gubernamentales y el búnker. El primer turista que pisó estos escombros fue el primer ministro británico Winston Churchill que paseó sobre las ruinas de escombros con un puro en la boca ¡por supuesto!



Los soviéticos intentaron sin éxito hacer explotar el búnker, no lo consiguieron pese a la intensidad del cañoneo, dicen que es posible que las habitaciones de la última planta, la más profunda, continúen intactas aún protegidas por los 4 metros de hormigón del techo. En la zona y probablemente para intentar que la gente olvidara su existencia,  se construyeron apartamentos y un aparcamiento. Os recomiendo reflexionar acerca de la famosa frase del historiador y politólogo alemán Wolfgang Benz "No hay nada que recordar ni nada que aprender"... Como anécdota destacar que al finalizar nuestra visita, el cuerpo sin vida de una rata negra yacía sobre la superficie del parking.

Otro punto donde el recuerdo convive con el horror es la Estación de Grunewald, de donde partió un octubre de 1941 aquel tren con 1251 judíos a bordo rumbo a los campos de exterminio de Theresienstadt, Riga, Lodz y Auschwitz. Fue el primero de una larga lista de ferrocarriles que circuló hasta marzo de 1945 y en la que se deportaron a más de 55.000 judíos.
De hecho, en los raíles del hoy dormido andén 17 figuran impresos los nombres de los deportados... Han pasado más de 80 años y aunque el esfuerzo por borrar las cicatrices del nazismo ha sido enorme, tengo que confesar que no hace falta escarbar mucho para encontrar alusiones a aquellos terribles años... un monumento simbólico en una zona cualquiera, una placa en algún edificio o en el suelo donde se recuerda a una víctima anónima, un memorial, una exposición, un museo... El debate sigue vivo. Algunos creen que la señalización de puntos clave relacionados con el pasado nacionalsocialista puede ser peligroso y llegar a convertirse incluso en puntos de peregrinación de neonazis modernos, quienes a falta de una tumba donde venerar a su líder quizás tiendan a venerar los escenarios por los que pasó este Monstruo del Terror. También hay quienes creen que contrariamente a lo políticamente correcto, conviene dejar a la vista esos restos como elementos de permanente concienciación de los desastres de la guerra y de la crueldad del nacionalsocialismo.

El resumen de este sentimiento contradictorio entre los berlineses se resume visitando la Neue Wache en el boulevard Unter den Linden que muestra las paradojas de Berlín ya que durante el Tercer Reich reinó como monumento a las víctimas del comunismo y, curiosamente, en los años de la RDA pasó a homenajear a las víctimas del fascismo. Hoy es un memorial a las víctimas de las dictaduras. En su interior, una mujer llora tras haber perdido a su marido y a su hijo en la Primera Guerra Mundial. A su lado, una placa recuerda a los pueblos que han sufrido por la guerra, a los millones de judíos asesinados, a los gitanos asesinados... Berlín tiene una deuda con el mundo, un terrible sentimiento de remordimiento según el cual, independientemente de lo que haga para pedir perdón, nunca desaparecerá.


Muy cerquita del Monumento al Holocausto visitamos el Ministerio de Aviación nazi, ahora Ministerio de Hacienda y curiosamente el único edificio que ha sobrevivido a las bombas. Y frente a Hacienda, protegido aún por restos de doscientos metros de muro sigue en pie la que fue sede de la Gestapo, la temida policía secreta del régimen. Los que se oponían a Hitler acababan en los sótanos de este edificio donde les torturaban.


Dicen que fue precisamente en el Ministerio de la Aviación donde se fabricaron las bombas que arrasaron Gernika durante la Guerra Civil Española a petición del general Francisco Franco y que sirvió de ensayo a los alemanes para bombardear poblaciones civiles durante la II Guerra Mundial. La villa se convirtió en masa de fuego rodeada de gigantescas nubes de humo negro, quedando finalmente devastada con el 85% de sus edificios completamente destruidos. Lo sucedido aquel día fue tan atroz, tan inhumano, que Pablo Picasso decidió que no podía quedarse de brazos cruzados. La tragedia lo empujó a pintar el cuadro más famoso de los más de 45.000 que realizó en sus 91 años de vida.

Sin embargo, pese a tratarse de una ciudad que vive con horror, avergonzada y arrepentida del tremendo daño causado, Berlín es una de las capitales más verdes de Europa. Una cuarta parte de la ciudad la ocupan espacios verdes pues por lo general en Alemania se superan los grados negativos durante el invierno. La verdad es que en lo que se refiere al tiempo, el sol nos persiguió durante la primera semana y podemos decir que la primera gran ola de calor del verano coincidió con nuestra estancia en la capital alemana. No obstante, gracias a Tiergarten, el pulmón de Berlín, conseguimos sobrevivir a las altísimas temperaturas.


Sin ser el parque más grande de la ciudad, sí es el que acoge más edificios, plazas y monumentos relevantes en su camino. En la avenida 17 de Junio se alza imponente la Columna de la Victoria, diseñada para estar frente al Reichstag aunque desplazada posteriormente a la rotonda de esta avenida. La estatua en oro de la diosa Victoria, construida en memoria de las victorias prusianas ante Dinamarca, Austria y Francia, se puede visitar siempre que seáis capaces de subir los 285 escalones de la columna. Mis hijas estuvieron entretenidas un buen rato...


A propósito de parques, no os podéis perder una visita al Mauerpark: el mejor plan para pasar el domingo en Berlín con un zumo o cerveza artesanal gratis. Con sus puestos de mercadillo o "flohmarkt" (ya un clásico) repletos de antiguedades, ropa de segunda mano o de diseño alternativo, discos de vinilo y hasta muebles, este parque alcanza cifras de hasta 40.000 visitantes cada domingo, deseosos de hacerse con alguna ganga y disfrutar del famoso karaoke de Joe Hatchiban que, por cierto, no llegamos a ver... Dicen que cualquiera con más o menos talento puede participar pero el aplauso final es siempre para Joe, que se reserva la última canción. A lo largo y ancho de Mauerpark se dan cita también malabaristas, bailarines o magos que hacen la delicia de niños y mayores.


Y qué mejor para acabar el día que acercarse al Neuess Off Cinema, la sala de cine más  antigua y especial de la ciudad a pocos pasos de Hermannplatz, bien escondida detrás de una fachada de vivienda anodina. En un elegante ambiente años cincuenta, pudimos disfrutar de la película "Yesterday" en VOS y tararear con nostalgia aquellas míticas canciones, rozando el surrealismo...


Desde el hermoso jardín se encara la fachada de la maravillosa Catedral de Berlín o Berliner Dom, con su inconfundible perfil, dicen que se trata del templo protestante más grande de Alemania . Sus tres cúpulas de cobre verde miran al cielo entre el río Spree y la Isla de los museos. En realidad la catedral se construyó en 1894, aunque tuvo que ser reformada cuando en 1944 cayó una bomba sobre su cúpula principal. A ésta se puede acceder para contemplar la ciudad desde lo alto, la vista es espectacular y te sorprende por su magnitud.  Podéis adentraros también en la cripta de los miembros de la dinastía Hohenzollern, uno de los lugares de enterramiento dinástico más importante de Europa. Entre todos los sarcófagos que pudimos ver, nos llamaron especialmente la atención los de Federico I de Prusia y su esposa Sofía Carlota de Hannover. El gran órgano de esta catedral fue en su época el órgano más grande de Alemania.


Nos dio tiempo de visitar también el barrio turco, Kreuzberg, uno de las zonas más vivas y con más personalidad de Berlín. Super entretenido, gracias a sus mercadillos, repleto de esquinas con graffitis, locales de moda y rincones pintorescos... Y es que os daréis cuenta que Berlín acoge una inmensa cantidad de inmigrantes turcos, probablemente sea la ciudad donde más kebabs se coman al día: se calculan unas ¡¡¡60 toneladas diarias!!! y es que están buenísimosssss. No os perdáis un paseo por aquí por nada del mundo, especialmente recomendable si os gusta la fotografía.




Otra de las comidas típicas de la ciudad es el Currywurst, unas salchichas alemanas acompañadas por una salsa de kétchup y curry. Suena raro pero os garantizamos que está requetebueno, realmente adictivo! Quizás la Currywurst preferida por los berlineses sea la que hacen en Curry 36, sus largas colas y complicación para conseguir mesa lo confirma. Os recomiendo además que probéis el delicioso panecillo alemán horneado, crujiente por fuera y blandito por dentro, o Pretzel cuyo nombre viene, por cierto, de la palabra alemana antigua "Bretzel" que en latín significa "brazo pequeño" debido a que, por su forma de lazo, parecen dos brazos entrelazados y parece ser que su forma tiene que ver con los cuernos del carnero que representa el signo de la primavera Aries.



Y como no acercarse si continuáis por Kreuzberg al Markthalle Neun, un lugar realmente especial que ofrece una mezcla ecléctica de vendedores donde se hacen realidad los sueños de muchos niños ya que numerosos stands presentan delicias dulces, macarrones franceses, bombones, galletas y chocolates.



Se trata, sin lugar a dudas, de un auténtico microcosmos para la mentalidad berlinesa moderna con un ambiente relajado y multitud de opciones para tomar un brunch o un aperitivo a precios asequibles. ¡¡No os lo podéis perder!!


Una mañana entera dedicamos a visitar el Parlamento Alemán y su maravillosa cúpula de cristal, obra de Norman Foster y cuyas vistas son un must. Nosotros somos fans incondicionales de la improvisación, pero está claro que hay ciudades donde si quieres aprovechar el viaje, hay que planificar... Berlín es una de ellas. La visita al Parlamento es, por lo tanto, de obligado cumplimiento. Imposible perderse por sus cámaras sin haber hecho una reserva previa... y es que realmente el Reichstag es, sin duda, otro de los emblemas del nazismo y no precisamente porque Hitler adorase este edificio sino todo lo contrario... Famosa fue la noche de aquel 27 de febrero de 1933 cuando un incendio destruyó el edificio donde se reunía el viejo parlamento prusiano. Nunca se aclararon los motivos de aquel suceso. Hay teorías que dicen que lo provocaron los mismísimos nazis para echar abajo el parlamentarismo. La prueba de que al Führer no le apasionaba el edificio fue que nunca ordenó su reparación. Se recuperó solo un ala que durante el Tercer Reich funcionó como sala de exposiciones propagandísticas. Durante el tour guiado pudimos saber más sobre la historia del edificio, cómo funciona el parlamento alemán y, por supuesto, al final tocó sesión de fotos en la famosísima cúpula.






Tras la visita, decidimos adentrarnos en el Barrio de San Nicolás para probar el maravilloso codillo al horno, la salchicha típica y la cerveza negra. Descubrimos Zur Gerichtslaube, un restaurante tradicional alemán muy acogedor con una terraza preciosa, donde nada nos defraudó. La Iglesia de San Nicolás se encuentra ubicada en una zona peatonal de estilo claramente centroeuropeo. Nos encontramos en la cuna histórica de la ciudad, donde poder admirar lo que milagrosamente ha sobrevivido del antiguo Berlín medieval. Un agradable y coqueto barrio muy próximo al río Spree, que en conjunto está impregnado de una agradable sensación de paz y tranquilidad. En resúmen, un sitio perfecto para comer al aire libre, dar un paseo estupendo o simplemente visitar las pequeñas tiendas de artesanía local.


Una muestra preciosa de esto último es "Zozoville" galería de arte super original con la que nos topamos por casualidad. Con un tema único, ingenioso y sutil gracias al amable monstruo, maravillosamente me hizo recordar las increíbles creaciones de mi tío Javier, hermano de mi padre, y descubrir un fantástico mundo donde, sin duda, pueden encajar grandes y pequeños. Trabajo fantástico el de los geniales ilustradores Johan Potma y Mateo Dineen que, según nos contaron,  refleja a la gente de Berlín y las experiencias que han vivido desde que llegaron, por separado, a Alemania. Aquí se dieron cuenta de que era "mejor colaborar que competir" por lo que unieron fuerzas y juntos dieron vida a este universo mágico. Seguro que os encantará, como a nosotros, dar un paseo por ahí.


También merece la pena visitar la Neue Synagoge, creada por otro famoso arquitecto berlinés Eduard Knoblauch e inaugurada en 1866, esta sinagoga judía se dejó inspirar por el estilo árabe de la Alhambra en Granada y asombrosamente cuenta con 3200 asientos!!! Durante la noche de los cristales rotos, en Noviembre de 1938, fue protegida ante las agresiones nazis gracias a la iniciativa de un guardia que puedo evitar que fuera quemada. Sin embargo, posteriormente quedaría destruida totalmente por un incendio provocado por un bombardeo pero en mayo de 1995 se abrió al público como Centrum Judaicum con una exposición permanente y hoy día constituye uno de los lugares más importantes de la vida judía en Alemania.


Y muy cerquita de la Nueva Sinagoga, en la misma calle Oranienburger straße, se encuentra también la última casa okupa de Berlín, Tacheles, declarada Monumento Histórico. Se trata de un edificio que permanece en pie a pesar de las bombas de la Segunda Guerra Mundial y en cuyas paredes, plagadas de graffiti años ochenta, han dejado huella perenne un amplio colectivo de jóvenes artistas. Merece la pena visitarlo por su originalidad.


Una de las calles más famosas de Berlín, muy tranquila y pintoresca de la que soy fan absoluta es Oderberger Strasse o calle de las "casas bonitas", como dice mi hija pequeña. A lo largo de este barrio de lo más cool donde, por cierto, se encuentra uno de los cuerpo profesionales de bomberos más antiguos de Alemania, se suceden numerosas  tiendas de ropa vintage y locales multifuncionales como el "Stone Brewing Tap Room" un local muy hipster y con una atmósfera bohemia en el que nos sirvieron unas ricas hamburguesas y una cerveza artesanal estupenda. Como nos gustó tanto la zona, repetimos otro día... esta vez tocó sushi en el increíble 26 Shibuya.


Otro de los iconos de Berlín es el Ampelmännchen, la tan querida silueta del hombrecillo con sombrero y con mucho movimiento que aparece en los semáforos de la ciudad. A punto estuvo de retirarse y ceder ante otros más modernos, pero por suerte decidieron mantenerlo y todavía podemos disfrutar de él.


Por cierto, si os acercáis a Hackesche Höfe, un original conjunto de patios interiores situados en pleno centro de Berlín, junto al barrio judío y a 15 minutos a pie desde Alexanderplatz,  encontraréis la tienda oficial dedicada al omnipresente Ampelmann hasta con una marca de ropa y utensilios!. En 1972 este conjunto de ocho patios fue declarado Monumento Histórico y hoy día constituye una de las visitas imprescindibles en Berlín.


Aquí se encuentra además uno de los locales más emblemáticos de Berlín, el Teatro Chamäleon, construido sobre una antigua taberna.


Además, en la cuarta planta podéis disfrutar de arte cinematográfico europeo y películas de todo el mundo en sus cinco salas en blanco y negro, de hecho y según nos dijeron, Hackesche Höfe es una de las pioneras en traer películas Bollywood a la gran pantalla. Os recomendamos dejarse llevar por el resto de patios, más pequeños y recogidos y animaos a entrar en sus tiendas ¡son una auténtica maravilla!


Al terminar, no os perdáis Haus Schwarzenberg, otro conjunto de patios con un estilo mucho más underground y menos cuidado que los Hackesche Höfe, podríamos decir que muy propios de la auténtica esencia de Berlín, con paredes desconchadas llenas de pintadas donde podéis visitar el centro de Anna Frank, en el que reviviréis de una forma especial la historia de esta niña judía que permaneció escondida desde 1942 a 1944. Os plantearéis, como nosotros, preguntas cuyas respuestas ya buscaba Anna Frank en su famoso diario... El callejón en el que se encuentra el centro está, por cierto, sorprendentemente decorado.




Al salir de los patios y, si os gustan las compras, en la propia Rosenthaler StraSSe encontraréis infinidad de franquicias donde quemar tarjeta... Pero si lo vuestro es más bien el street art, no dejéis de echar un vistazo al pintoresco Dead Chicken Alley, justo al lado de la entrada a los Hackesche Höffe, un callejón dedicado al arte alternativo donde pasar un buen rato curioseando entre los graffitis.



Berlín cuenta además con unos 180 museos, más que días de lluvia... Los más prestigiosos se concentran en una zona llamada Isla de los Museos en alemán Museuminsel, Patrimonio de la Humanidad desde 1999. Aunque todos merecen una visita, por falta de tiempo tuvimos que elegir... finalmente optamos por el que dicen es "el más importante " de todos: el Museo de Pérgamo. En él se exhiben obras de la antigüedad,  además de Oriente y arte islámico. Su obra más importante es el altar de Pérgamo, quedando literalmente boquiabiertos por la expresión exagerada de los dioses y gigantes de las esculturas.


Otra de mis calles favoritas es AugustraSSe, allí se encuentra "Clärchens Hallaron", un sitio auténtico  y pintoresco que no os podéis perder. Para llegar, no hay pérdida, está muy cerquita del Museo del Pérgamo. En este salón de baile de los años 20, te permiten cenar mientras hay música y baile dentro. Como veis en la foto de abajo, falta el edificio frontal como consecuencia de los bombardeos de la guerra y ahora, en esa cicatriz, encontramos una terraza con luces dando ambiente a las mesitas colocadas con tanto cuidado que parece una improvisación...


Justo al norte de la isla de los Museos, existe un precioso parque a orillas del río Spree perfecto para relajarse,  especialmente después de un día lleno de actividades turísticas.  Se trata del Monbijou Park cuyas zonas verdes son geniales para disfrutar del sol así que, sin pensarlo dos veces, acabamos el día tumbados en unas hamacas disfrutando de unas bien merecidas cervezas!!



Otra de las curiosidades de Berlín que nos llamó mucho la atención es que aquí hay más óperas activas que en ningún otra ciudad del mundo. Si tenéis la oportunidad, os recomendamos asistir a alguno de los conciertos que en ellas se ofrecen  ya que gozan de un gran prestigio internacional.


Curioso ver infinidad de berlineses disfrutando  en plan picnic al aire libre de la ópera italiana clásica que representaban en el Konzerthaus (construído sobre los escombros del antiguo teatro nacional) situado en la que, dicen, es la plaza más bonita de Berlín: la Gendarmenmarkt famosa por sus dos catedrales  gemelas (alemana a la izquierda y francesa a la derecha) y que, lógicamente, estaba vallado.


Tampoco podéis dejar de echar un vistazo a la sorprendente tienda navideña "Das Sachsenhausen" que se encuentra justo enfrente, especializada en relojes de cuco y muchas piezas hechas a mano en madera. Realmente como dar un salto en el tiempo, os va a encantar seguro!!


Y si te gusta el chocolate, tienes una cita obligada en una de las tiendas de chocolate más famosa del mundo: "Fassbender & Rausch", un establecimiento que data del año 1863 situado en la misma plaza y especializado en la elaboración de los más deliciosos chocolates, trufas y pralinés que he probado nunca. En sus escaparates interiores pudimos ver atónitos famosos monumentos de Berlín realizados en auténtico chocolate. Sorprendentes las maquetas del Reichstag y de la Puerta de Brandenburgo aunque mis hijas fliparon con el Titanic. Intentamos subir al salón de la planta superior pero lamentablemente cerraban ya... eso no fue óbice para disfrutar de nuestra bien merecida ración, que optamos por degustar en plena calle.


Pero... ¿cómo obviar la cuna del romanticismo alemán, residencia de los reyes de Prusia y los kaisers alemanes hasta 1918? Estamos hablando, claro está, de Potsdam: el lugar perfecto para una excursión de un día desde Berlín.



Como antigua ciudad real, ofrece un rico paisaje de palacios, parques, jardines y un centro histórico precioso y muy bien cuidado. El primer edificio que nos llamó la atención fue la iglesia de St. Nikolai, un templo evangélico de estilo neoclásico que destaca por su inmensa cúpula verde y que vimos bajo la lluvia ¡ya tocaba! Había también varios edificios en obras como el Altes Rathaus (antiguo ayuntamiento) o el Stadtschloss por lo que no pudimos verlos en su esplendor. La principal calle comercial es Brandenburger StraSSe, donde encontramos casas bajas pintadas en tonos pastel y tiendecitas típicas. Sin embargo, he de confesar que lo que más me gustó fue el precioso barrio holandés (Holländisches Viertel) con sus casitas de ladrillo rojo y techos inclinados.



Se considera que es el barrio de estilo holandés ubicado fuera de los Países Bajos más importante del mundo. Pero una visita a Potsdam queda incompleta sin conocer el parque Sanssouci, donde se encuentra el famoso Schloss Sanssouci o Palacio de Sanssouci, el Patrimonio de la Humanidad más grande de Alemania.


Parece que Sanssouci toma su nombre de la frase francesa "sans souci" o "sin preocupaciones" y es conocido como el Versalles de Alemania por su conjunto de parques, jardines y palacetes construidos como residencia de verano de Federico II de Prusia. Destaca por su recargado estilo rococó y sus románticos jardines barrocos en los que se distribuyen edificios palaciegos como el Nuevo Palacio, la Orangerie, la casa china o el molino de viento. Un día fantástico que os recomiendo absolutamente.

En cuanto al resto de visitas continuaré por la que ocupó nuestro noveno día y es que, por insistencia de mi hija Marina, visitamos un refugio antiaéreo de la Segunda Guerra Mundial para la protección civil en el que tratamos de imaginar con horror cómo los alemanes vivieron los bombardeos aliados trasladándonos por completo a aquella época. Algunos de los búnkeres más representativos y mejor conservados pueden encontrarse en Berlín tal y como descubrimos durante nuestro tour con la empresa "Berliner Unterwelten". Aunque parece ser que la instalación se construyó para que fueran habitaciones y aseos de los trabajadores del metro de Berlín, terminó convirtiéndose en bunker tras el crack del 29.


Nos sorprendió comprobar que tiene las paredes pintadas con una pintura recargable para evitar el pánico porque los generadores eran muy caros,  que las habitaciones podían hasta triplicar su capacidad frente a un ataque aéreo, que se utilizaran velas para controlar la cantidad de oxígeno y en caso de falta del mismo, los vigilantes abrían las puertas y así se ahorraba trabajo al evitar tener que sacar los cuerpos sin vida de toda la gente que pudiera haberse asfixiado. Para que las mujeres y niños supieran cómo actuar en caso de ataque aéreo, les daban revistas y juegos de mesa de manera que estuvieran entretenidos y aprendiendo qué hacer en una situación similar. Sorprendentemente en el subsuelo de Berlín todavía hay bombas de la Segunda Guerra Mundial porque al ser un subsuelo pantanoso no todas las bombas explotaron al caer. La última que se encontró fue en 1994 y ya ha sido desactivada por personal especializado. Aparte de utilizar el subsuelo de Berlín para construir búnkers, también se usaba para repartir el correo por toda la ciudad gracias a un curioso sistema neumático consistente en un tubo de plástico que con tan sólo pulsar un botón, hace desaparecer el mensaje y en una hora o dos máximo llegar a su destinatario en la otra punta de Berlín. Merece especial agradecimiento Christian, nuestro magnífico guía mexicano, que nos dio datos curiosísimos y nos animó incluso a participar convirtiendo el tour en algo absolutamente fascinante.

Nos dió tiempo también para ver de primera mano una de las torres de defensa aérea que mandó construir Hitler cuando los aliados empezaron a bombardear la ciudad en la Segunda Guerra Mundial. Os estoy hablando de la Flak Tower III  de la que podéis visitar el exterior (la parte alta) gratuitamente ya que está dentro del parque Humboldthain, en lo alto de una loma artificial que curiosamente se hizo con los escombros resultantes de los edificios bombardeados en la zona. Y si el tiempo está despejado, tendréis unas estupendas vistas de Berlín.


Dejamos para el penúltimo día la visita al campo de concentración de Sachsenhausen, en las afueras de Oranienburg, pequeña localidad situada 35 km al norte de Berlín.  Os advierto que visitar el campo no fue una experiencia nada agradable, da la impresión de que es necesario trasladarse hasta él para revivir intensamente la tragedia que vivieron sus prisioneros por la brutalidad aplicada y la tristemente masacre que todos conocemos. Y es que creo que es imposible comprender en su totalidad la dimensión del Holocausto sin haber estado nunca en un campo de concentración, necesitamos recordar lo que sucedió y cómo sucedió para que nunca vuelva a ocurrir. Se lo debemos a ellos...


Puntualizar que no es lo mismo campo de concentración que campo de exterminio ya que los primeros no fueron diseñados para aniquilar personas sino para realizar trabajos forzados. Los primeros campos de concentración se crearon en Alemania en 1933, año en el que Adolf Hitler alcanzó el poder. En ellos se recluyeron personas consideradas contrarias al régimen, además de judíos, discapacitados, gitanos y testigos de Jehová. Los campos de exterminio comenzaron a funcionar en el año 1941 con la clara finalidad de exterminar, en el menor tiempo posible, la mayor cantidad de personas que pudieran. La desorbitada cifra de personas asesinadas ascendió a 6.000.000 siendo en su mayoría, judíos. Unas 30.000 fueron asesinadas en Sachsenhausen.


En este campo de concentración los prisioneros malvivían en condiciones infrahumanas, hacinados en barracones donde carecían de las medidas higiénicas básicas para la supervivencia. Mientras esas almas inocentes se debatían entre la vida y la muerte, intentando sin éxito paliar su sed , sobrevivir a la hambruna y al sinfín de enfermedades que padecieron tras interminables jornadas de trabajo expuestos a las extremas inclemencias del tiempo, el personal responsable del campo era implacable: cientos de modos de tortura fueron aplicados despiadadamente por las SS convirtiendo la ya desgraciada vida de los presos en un completo INFIERNO.

Para acceder al campo cuya entrada es gratuita, nosotros decidimos alquilar un audio guía y escuchar esas impactantes historias, esos desgarradores testimonios que se sucedían día tras día... sin que nadie pudiera impedirlo. En un principio, los fallecidos eran llevados hasta unos hornos crematorios construidos en Berlín, pero en 1940 el campo de concentración contaba con sus propias cámaras de gas y ninguna falta les hacía ya abandonar sus muros...

Una puerta de hierro da la espléndida bienvenida con un cartel en alemán que dice "Arbeit Macht Frei" que viene a querer decir algo así como "El Trabajo os hará libres", triste contradicción...


Si os adentráis en el campo, observáis que los barracones y demás instalaciones están dispuestos en forma de abanico, nos explicaron que era debido a que de este modo la torre principal podía controlar todo movimiento de los prisioneros. Además, el campo está rodeado de alambre, cuya función parece ser que fue la de propinar descargas eléctricas a quienes intentaran escapar si el tiro de quien vigilaba desde la torre erraba... Me entristeció mucho escuchar que algunos prisioneros, ante las penurias que tenían que soportar,  vieron en estos castigos su salvación... ¡¡¡terrible!!!

Finalmente, con la ocupación soviética de Alemania Oriental, entre 1945 y 1950, este campo fue transformado en cárcel y unos 60.000 presos políticos del III Reich fueron recluidos aquí, de los cuales 12.500 murieron de malnutrición y enfermedad. No puedo decir que me alegro, pero casi...


Posteriormente el campo fue condicionado para que visitantes como nosotros podamos conocer lo ocurrido a las víctimas del nazismo. La Unión Soviética erigió un obelisco en 1961 debajo del cual se encuentra una estatua que representa a un soldado soviético liberando dos prisioneros.

Me gustaría terminar este breve pero, a la vez, intenso recorrido por la historia haciendo mención a una maravillosa escultura de Josefina de Vasconcellos que representa a un hombre y una mujer exhaustos, de rodillas y abrazados. Sobre el  proceso de creación de la obra, de Vasconcellos dijo: "Concebí la idea original de la escultura al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Europa estaba colapsada, la gente estaba conmocionada. Leí en un diario acerca de una mujer que había cruzado Europa a pie para encontrar a su marido y me conmovió tanto que hice la escultura. Después pensé que no solo se trataba del reencuentro de dos personas sino también del reencuentro de las naciones que habían estado enfrentadas". En 1995, para celebrar el cincuentenario de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, réplicas en bronce de la escultura fueron instaladas en el interior de las ruinas de la catedral de Coventry, en el Monumento de la Paz de Hiroshima en Japón y existe otra en el castillo de Stormont en Belfast. A diferencia de las otras réplicas, la de Berlín incluye una biblia con un trozo de alambre de púas encima, en el suelo entre las dos figuras.


Una ciudad fabulosa, un intercambio fantástico, un viaje inolvidable. Gracias Janna, Alexander, Siri y Pieter SHIEMANN.





































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