BORDEAUX



BURDEOS
La capital de la región de Aquitania, patrimonio de la UNESCO, está situada en el suroeste del país, en un meandro del Garona, muy cerca de la desembocadura de este río en el Atlántico. El puerto fluvial de la ciudad, llamado el puerto de la luna por su forma curva, ha sido clave para el desarrollo de la urbe desde tiempos antiguos. Y hoy en día, el magnífico paseo junto al río, creado hace pocos años por el paisajista Michel Corajoud, es una zona que invita a pasear y, a la vez, un paisaje que sorprende y encandila al visitante primerizo cuando llega en coche, sobre todo de noche.

Nosotros llegamos el 14 de Agosto después de cinco horas de coche desde Santander. El viaje se hizo un poco pesado al final, debido a la monstruosa caravana que tuvimos que soportar durante los últimos 30 kms!!!. Sin embargo, he de decir que las áreas de servicio en las autopistas francesas son muy numerosas y están muy bien cuidadas. 

Nunca habíamos estado en el Perigord Noir por lo que desconocíamos Burdeos por completo, de modo que la bienvenida que nos dio la Place de la Bourse, nos dejó claro que íbamos a pasarlo en grande.

Nos alojamos en pleno centro. El alojamiento, además de resultarnos muy cómodo, moderno y práctico, estaba situado en la rue du Cheverus, una pequeña calle justo al lado de la Place du Pey Berland donde se halla la catedral de San Andrés ¡imponente!. Fuimos a ver la catedral por la noche, con sus enormes contrafuertes restaurados y el campanario o torre Pey-Berland, con la estatua dorada de Notre-Dame de Aquitania en lo alto. Nos encantó!!!!

Y es que Burdeos es una ciudad perfecta para pasear y pasear. Durante dos semanas, nos hemos internado por las callejuelas empedradas del casco antiguo y hemos alucinado con las típicas casas francesas del s. XVIII, de piedra calcárea, con sus balcones estrechos y barandillas de hierro forjado, y sus tejados de pizarra gris. La gran mayoría de estas calles son peatonales y todo el barrio se restauró entre los años setenta y ochenta. A finales de los noventa apenas había tiendas en ese barrio, solo restaurantes, oficinas y garajes. Pero a partir del 2005 comenzó a venir más gente a la ciudad y empezaron a abrirse tiendas de decoración, de antigüedades y bares. Hoy en día es un barrio muy moderno repleto de tiendas y locales interesantes, donde se respira un ambiente muy acogedor.
 
Al parecer, Burdeos ha mejorado muchísimo en los últimos años. Antes, las casas del barrio antiguo estaban negras por el hollín de las chimeneas y por el humo del tráfico. Hoy en día, con las calles exclusivamente para peatones y la restauración de las fachadas, Burdeos luce de veras. Además, la capital de Aquitania es una ciudad que no ha parado de crecer desde que se derribaron las murallas medievales. Primero fue el comercio del vino, que floreció cuando Leonor de Aquitania se casó con Enrique II de Inglaterra. Con el control de los ingleses, se empezaron a exportar barricas de vino, sobre todo el «French Claret» o clarete francés y los viñedos de los alrededores empezaron a extenderse para responder a la demanda. Fue gracias a este vino que se estableció la fama de Burdeos como región viticultora. Más tarde, en el s. XVIII el comercio de Burdeos con las Antillas, sumado al comercio con el vino y el ya famoso clarete supusieron un nuevo impulso para la ciudad, que derribó las viviendas medievales cochambrosas para edificar las elegantes casas tan típicamente francesas que pueden verse en la actualidad.
 
De hecho, desde 2007 Burdeos es Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, en concreto el espacio protegido de 150 hectáreas del casco viejo y 1810 hectáreas que comprenden tanto edificios antiguos como de arquitectura moderna. En esto contribuyó seguramente la rehabilitación que inició en 1996 el alcalde Alain Juppé, y que terminó hace pocos años con el nuevo paseo del río, la total restauración de las fachadas y la instalación de transporte público no contaminante como autobuses con gas o el moderno tranvía.
 
La ciudad sigue creciendo, ya que se están creando nuevos barrios a medida que el puerto de mercancías se desplaza más hacia la desembocadura y se aleja de la ciudad. Por ejemplo, en pocos años se habrá creado un barrio nuevo en la zona de Bassins à Flot. Los antiguos almacenes de vino junto al río quedaron abandonados en los años 30 cuando el puerto se trasladó más al norte. A partir de los 70, se revalorizó la zona y actualmente hay restaurantes, tiendas outlet y tiendas de vino. Y dentro de dos años se construirá el Cité du Vin, un nuevo museo del vino que promete ser «un nuevo Guggenheim». Por otro lado, la zona de La Bastide, en la orilla opuesta del río, se está renovando con arquitectura moderna. De hecho, ya hay una visita guiada centrada en arquitectura contemporánea que recorre los edificios más destacados y vanguardistas.
 
Las mejores especialidades bordelesas son: el canelé, un bizcochito con forma de flan recubierto de caramelo crujiente. O el aperitivo más típico: el Lillet, una especie de Martini muy rico por lo que no dudamos en adentrarnos en Le Baillardran Café, situado en la cours de l’Intendance, junto a la Porte Dijeaux. Uno pequeño nos costó 2,50€. 
 
En el paseo por el casco viejo, cruzamos la larguísima calle rue Sainte Catherine, el viejo Decumanus de la ciudad romana, y pasamos por la Place du Parlement, una plaza muy bonita con una arquitectura muy homogénea. Por ahí tiene fama el bar La Comtesse, que marca su estilo modernillo con una entrada muy original decorada a base de regaderas y muñecos. Esto se ha convertido en una tendencia entre los bares de la zona, como el bar Michel’s, con una clientela básicamente de autóctonos, que ahora cambia la decoración cada seis meses. Un buen restaurante para comer marisco fresco es Le Petit Commerce, que incluye una especie de pescadería.
 
Después de pasar por la place de Saint Pierre y su iglesia, se encuentra otra plaza, la place Camille Julian, repleta de terrazas, y donde se halla el Utopia, el único cine que conozco construido dentro de una antigua iglesia. En el bar de este cine se sirve la cerveza Mascaret, que se llama así por las grandes olas que se producen en el equinoccio. En el cine Utopía disfrutamos de lo lindo con la película “Inside Out”, tan de moda últimamente.
 
En la plaza Lafargue, hay un torreón medieval al final de la calle: la Grosse Gloche, la gran campana, un campanario público edificado en el s. XV y al lado se encuentra la place du Palais. En esta plaza el sol brillaba y me encantó el lugar por la solemne puerta medieval que da al río, la Porte Cailhau. Como la Grosse Gloche, esta puerta tiene los típicos torreones terminados en tejados azules puntiagudos y se asienta sobre los restos de la muralla del s. XIV. Como esta puerta defendía la ciudad frente al río, delante de él se alzaba antaño la fortaleza que da nombre a la plaza, el Palais de l’Ombrière, donde nació la famosa Leonor de Aquitania.
 
Pasamos por la puerta medieval y nos topamos de frente con el río Garona. Subimos por el soleado paseo del río y vimos un bar muy señorial que hay allí, el Grand Bar Castan, que tiene una decoración muy original y rocosa en el interior.
 
Finalmente, siguiendo el río llegamos a la Place de la Bourse, una plaza monumental que siglos atrás fue la plaza real. Con su construcción, Burdeos se abrió al río, ya que hasta entonces la ciudad había vivido de espaldas a él, para protegerse de posibles ataques. Hoy en día los edificios que conforman la plaza albergan las oficinas de la Cámara de Comercio, de las aduanas, un restaurante con tres ambientes y un museo gratis muy interesante: el CIAP o Centro de Interpretación de la Arquitectura y el Patrimonio. Se trata de una pequeña exposición donde se puede aprender de forma amena y visual la historia de la evolución de Burdeos (incluye textos en español).
 
Esta magnífica plaza frente al río se complementa muy bien con unas fuentes que hay en el paseo, el Miroir d’Eau (Espejo de agua) frente a la plaza. Estas fuentes despiden vapor de agua que atrae a los turistas y luego el agua forma una superficie espejada en el que se reflejan los edificios de la plaza y hasta el campanario de la iglesia que se ve más abajo, lo que da pie a que los expertos en fotografía puedan sacar todo el partido posible al lugar.
 
Después volvimos a internarnos en la ciudad para ir directamente al centro neurálgico, en la Place de la Comédie. Allí se alza el imponente Grand Théatre de estilo neoclásico. El interior de este teatro de 1780 está hecho totalmente de madera, lo que le proporciona una acústica muy buena. En julio y agosto se organizan visitas por solo 3 o 4 euros que valen mucho la pena. Además coincidió con una exposición de trajes de opéra, por lo que disfrutamos de lo lindo.
 
Luego pasamos un momento por la oficina de información turística, que estaba llena de gente, y allí nos recomendaron algunas tiendas de vino que hay en los alrededores, como la La Vinothèque du Bordeaux o el Bar a Vin en frente de la oficina de turismo, un lugar exclusivo para degustar vinos. Y justo enfrente, vimos una larga cola para entrar en un conocido restaurante “El Entrecot” por lo que no dudamos en probar su menú degustación, entrecot regado con una salsa única acompañado de abundantes patatas fritas caseras y ensalada de nueces. De postre, unos profiteroles gigantes rellenos de nata y helado ¡exquisito!
 
Más tarde seguimos hasta llegar a la Place des Quinconces, donde se alza una columna enorme rodeada de estatuas, la Fontaine des Girondins
 
También pudimos contemplar el puente que se inauguró en el 2013. El puente Jacques Chaban-Delmas (nombre del  antiguo alcalde de Burdeos) es un puente muy moderno que puede elevarse para dejar pasar embarcaciones altas, pero es especial porque se eleva de una sola pieza en lugar de partirse en dos mitades como es habitual. 
 
Luego fuimos hasta el barrio de Chartrons,  un lugar alejado del centro turístico con mucho encanto. Es especialmente recomendable pasear por la rue Notre Dame. Al principio está el museo del vino, llamado Musée du Vin et du Negoce, donde se puede aprender mucho sobre la influencia del vino en la historia de Burdeos. Esta calle tiene tiendas de antigüedades y de decoración exquisitas, además de bares cosmopolitas. Un buen lugar donde comer, muy auténtico, es la plaza del mercado (Place du Marché des Chartrons), repleta de restaurantes de todo tipo con terrazas. 
 
Entonces llegamos al Jardin Public, unos jardines preciosos y muy bien cuidados que incluyen un museo botánico y un museo de historia natural.
 
Otro día dimos una vuelta por la zona del Marché des Grandes Hommes y alucinamos con las tiendas de altos vuelos que se ven allí por no hablar del Marché des Capucins, donde se exhiben los más frescos productos bordeleses y pudimos degustar de un riquísimo zumo de naranja natural que nos prepararon al momento.
 
Y cuando ya nos dolían las piernas de tanto caminar y teníamos la mirada cansada de ver tantos rincones preciosos de la ciudad, recorrimos la calle des Remparts. Todo allí eran tiendas muy monas y llenas de souvenirs típicos de la zona.
 
Esperamos que esta pequeña vuelta por Burdeos os haya gustado y os anime a visitar esta ciudad francesa.  Nosotros fuimos animados con la perspectiva de conocer algo nuevo y disfrutar de 15 días de vacaciones. No solo hemos podido poner en práctica el idioma, sino que nos hemos llevado una impresión magnífica de esta impresionante ciudad que, sin duda alguna hace honor al dicho de que Bordeaux es sinónimo de “Le petit Paris”. Una ciudad mágica y llena de encanto. À ne pas rater!!!










Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

BOSTON

PRAGA

LONDRES